EN EL MANANTIAL

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ESTUDIO DEL PINTOR

domingo, 13 de septiembre de 2015

LAKSHMI RETRASA SU RESPUESTA




LAKSHMI RETRASA SU RESPUESTA...

No es bueno que nuestras oraciones sean escuchadas si no lo son en su debido momento:

En la antigua India se concedía mucha importancia a los ritos védicos, de los que se decía que funcionaban tan "científicamente" que, cuando los sabios pedían la lluvia, jamás se producía una sequía. Así es que, conforme a dichos ritos, un hombre se puso a rezarle a Lakshmi, la diosa de la abundancia, para que le hiciera rico.
Estuvo orando sin éxito durante diez largos años, al cabo de los cuales comprendió de pronto la naturaleza ilusoria de la riqueza y abrazó una vida de renuncia en el Himalaya.
Un buen día, mientras se hallaba sentado y entregado a la meditación, abrió sus ojos y vio ante sí a una mujer extraordinariamente hermosa, tan radiante y resplandeciente como si fuera de oro.
«¿Quién eres tú  y qué haces aquí?», le preguntó.
«Soy la diosa Lakshmi, a la que has estado rezando himnos durante doce años», le respondió la mujer, «y he decidido aparecerme a ti para concederte tu deseo».
«¡Ah, mi querida diosa!» exclamó el hombre, «ahora ya he adquirido la dicha de la meditación y he perdido el deseo de las riquezas. Llegas demasiado tarde... Pero dime, ¿por qué has tardado tanto en venir?».
«Para serte sincera», respondió la diosa, «dada la fidelidad con que realizabas aquellos ritos, habrías acabado consiguiendo la riqueza, sin duda alguna. Pero, como te amaba y sólo deseaba tu bienestar, me resistí a concedértelo».

Si pudieras elegir, ¿qué elegirías: que se te concediera lo que pides o la gracia de vivir en paz, aunque no la hubieras pedido?...
 (ADM; LODLR)

DIVINA ESENCIA


martes, 4 de agosto de 2015

PARA UNA VERSIÓN DEL "I CHING"...



Para una versión del "I CHING"
-EL LIBRO DE LAS MUTACIONES-
[Corrigiendo a J.L. Borges]

¿Si fuese el porvenir irrevocable
como el rígido ayer, no habría una cosa
que no fuera una letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable?
¿Cuyo libro es el tiempo? ¿Quién se aleja
de su casa ya ha vuelto? ¿Nuestra vida
sólo es la senda futura y recorrida?
¿Es el azar quien teje la madeja?
No te arredres. La ergástula es oscura.
La firme trama no es de incesante hierro,
porque en algún recodo de tu encierro
descubrirás una luz, una hendidura.
Aunque el camino ¿fatal? fuera enhebrando,
entre las grietas Dios seguirá creando.../.

lunes, 3 de agosto de 2015

TRÁNSITOS...



EL SACRIFICIO (René Girard)



...El colosal error de Nietzsche fue no haber visto lo que implicaba para la relación entre lo mítico y lo bíblico la naturaleza inconsciente del fenómeno llamado del chivo expiatorio. Son las religiones sacrificiales las que encarnan la esclavitud en todas sus formas, mientras que lo bíblico y lo cristiano conquistan una verdad y una virtud de la cual podemos hacer un pésimo uso, es cierto, pero que nos libra para siempre de la influencia mitológica.
Se equivocan completamente aquellos que dicen que son los Evangelio y la Biblia los que piensan en términos de chivo expiatorio y de persecuciones subterráneas, con el pretexto de que la Biblia y los Evangelios  hablan abiertamente de esas cosas mientras que los mitos no hablan nunca de esto. No hablan nunca de esto porque están totalmente poseídos por este fenómeno. Se equivocan por completo aquellos que consideran a los mitos demasiado luminosos, demasiado soleados, demasiado "griegos" como para ser culpables de persecuciones escondidas...
...La prueba de que los Evangelios ven lo que los mitos no ven, la dimensión inconsciente de los fenómenos de chivo expiatorio, es su actitud con respecto a los asesinos de Jesús, que no tiene nada de vengadora, contrariamente a lo que nos cuentan hoy en día. Lejos de estigmatizar despiadadamente a estos desgraciados, los evangelios ven en ellos a hombres semejantes a los demás; han hecho lo que los hombres han hecho siempre hasta ese momento en circunstancias análogas.
La crucifixión es única en la información teológica que aporta pero terriblemente banal en la antropológica. Aquí, la frase esencial es la de Jesús durante la crucifixión:
«Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).