viernes, 18 de septiembre de 2015
martes, 15 de septiembre de 2015
domingo, 13 de septiembre de 2015
LAKSHMI RETRASA SU RESPUESTA
LAKSHMI
RETRASA SU RESPUESTA...
No
es bueno que nuestras oraciones sean escuchadas si no lo son en su debido
momento:
En la antigua India se concedía mucha
importancia a los ritos védicos, de los que se decía que funcionaban tan
"científicamente" que, cuando los sabios pedían la lluvia, jamás se
producía una sequía. Así es que, conforme a dichos ritos, un hombre se puso a
rezarle a Lakshmi, la diosa de la abundancia, para que le hiciera rico.
Estuvo orando sin éxito durante diez
largos años, al cabo de los cuales comprendió de pronto la naturaleza ilusoria
de la riqueza y abrazó una vida de renuncia en el Himalaya.
Un buen día, mientras se hallaba sentado
y entregado a la meditación, abrió sus ojos y vio ante sí a una mujer
extraordinariamente hermosa, tan radiante y resplandeciente como si fuera de
oro.
«¿Quién eres tú y qué haces aquí?», le preguntó.
«Soy la diosa Lakshmi, a la que has
estado rezando himnos durante doce años», le respondió la mujer, «y he decidido
aparecerme a ti para concederte tu deseo».
«¡Ah, mi querida diosa!» exclamó el
hombre, «ahora ya he adquirido la dicha de la meditación y he perdido el deseo
de las riquezas. Llegas demasiado tarde... Pero dime, ¿por qué has tardado
tanto en venir?».
«Para serte sincera», respondió la
diosa, «dada la fidelidad con que realizabas aquellos ritos, habrías acabado
consiguiendo la riqueza, sin duda alguna. Pero, como te amaba y sólo deseaba tu
bienestar, me resistí a concedértelo».
Si
pudieras elegir, ¿qué elegirías: que se te concediera lo que pides o la gracia
de vivir en paz, aunque no la hubieras pedido?...
(ADM; LODLR)
martes, 4 de agosto de 2015
PARA UNA VERSIÓN DEL "I CHING"...
Para
una versión del "I CHING"
-EL
LIBRO DE LAS MUTACIONES-
[Corrigiendo
a J.L. Borges]
¿Si
fuese el porvenir irrevocable
como
el rígido ayer, no habría una cosa
que
no fuera una letra silenciosa
de
la eterna escritura indescifrable?
¿Cuyo
libro es el tiempo? ¿Quién se aleja
de
su casa ya ha vuelto? ¿Nuestra vida
sólo
es la senda futura y recorrida?
¿Es
el azar quien teje la madeja?
No
te arredres. La ergástula es oscura.
La
firme trama no es de incesante hierro,
porque
en algún recodo de tu encierro
descubrirás
una luz, una hendidura.
Aunque
el camino ¿fatal? fuera enhebrando,
entre
las grietas Dios seguirá creando.../.
lunes, 3 de agosto de 2015
EL SACRIFICIO (René Girard)
...El colosal error de Nietzsche fue no
haber visto lo que implicaba para la relación entre lo mítico y lo bíblico la
naturaleza inconsciente del fenómeno llamado del chivo expiatorio. Son las
religiones sacrificiales las que encarnan la esclavitud en todas sus formas,
mientras que lo bíblico y lo cristiano conquistan una verdad y una virtud de la
cual podemos hacer un pésimo uso, es cierto, pero que nos libra para siempre de
la influencia mitológica.
Se equivocan completamente aquellos que
dicen que son los Evangelio y la Biblia los que piensan en términos de chivo
expiatorio y de persecuciones subterráneas, con el pretexto de que la Biblia y
los Evangelios hablan abiertamente de
esas cosas mientras que los mitos no hablan nunca de esto. No hablan nunca de
esto porque están totalmente poseídos por este fenómeno. Se equivocan por
completo aquellos que consideran a los mitos demasiado luminosos, demasiado
soleados, demasiado "griegos" como para ser culpables de
persecuciones escondidas...
...La prueba de que los Evangelios ven
lo que los mitos no ven, la dimensión inconsciente de los fenómenos de chivo
expiatorio, es su actitud con respecto a los asesinos de Jesús, que no tiene
nada de vengadora, contrariamente a lo que nos cuentan hoy en día. Lejos de
estigmatizar despiadadamente a estos desgraciados, los evangelios ven en ellos
a hombres semejantes a los demás; han hecho lo que los hombres han hecho
siempre hasta ese momento en circunstancias análogas.
La crucifixión es única en la
información teológica que aporta pero terriblemente banal en la antropológica.
Aquí, la frase esencial es la de Jesús durante la crucifixión:
«Padre, perdónales, porque no saben lo que
hacen» (Lc 23,34).
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