EN EL MANANTIAL

EN EL MANANTIAL
SAN FRANCISCO Y EL LOBO...

miércoles, 17 de junio de 2015

ISAÍAS 33,13-16





Isaías 33,13-16
Los lejanos, escuchad lo que he hecho;
los cercanos, reconoced mi fuerza.
Temen en Sión los pecadores,
y un temblor agarra a los perversos;
«¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,
quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?»
El que procede con justicia y habla con rectitud
y rehúsa el lucro y la opresión,
el que sacude la mano rechazando el soborno
y tapa su oído a propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la maldad:
ése habitará en lo alto,
tendrá su alcázar en un picacho rocoso,
con abasto de pan y provisión de agua.

jueves, 4 de junio de 2015

...DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS...



DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS...

...Sábado santo, día de la muerte de Dios.
Ausencia de Dios, Dios en la tumba,
ya no se levanta, ya no habla.
Ya no hay nada que discutir.
Sencillamente lo olvidamos...
¿Qué olvidamos, que Dios ha muerto,
que hemos matado a Dios?...
¡Gritadle que despierte! ¡Despierta!
Quizá esté ocupado en sus cosas,
de viaje, o dormido...
¡Gritad bien fuerte! ¡Qué despierte!
Descendió a los infiernos,
al silencio, al oscuro silencio de la ausencia.
Ha muerto y no hay más que vacío.
No hay nada que responda...
¿Cómo volver con más vida
sin renunciar a ésta?
Tenían que derribar la imagen
que del él se habían hecho,
para contemplar el cielo desde esas ruinas
y a aquel que es infinitamente más grande.
El Dios de la palabra también lo es del silencio,
no es sólo palabra comprensible,
es también motivo silencioso, inaccesible,
incomprendido e incomprensible,
siempre escapándose...
En verdad tú eres un Dios escondido...
Sólo si lo experimentamos como silencio
alcanzaremos la esperanza de escucharle un día,
brotando del silencio...
Hasta aquí llega la sombra de la cruz.
Descendió a los infiernos.
Relámpago en mitad de la noche oscura:
«¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
Oración de los infiernos, primer mandamiento
en el desierto del aparente abandono de Dios.
¿De qué sirve la fe cuando ya carece de sentido,
cuando la realidad terrena anuncia la ausencia de Dios?
Ni con la vida, ni con la supervivencia,
tiene que ver su grito,
no se dirige a sí mismo, sino al Padre.
Grito que contradice la realidad del mundo.
¿Adoración en nuestra hora de tinieblas?
Grito que hace presente a Dios
en medio del abandono de Dios.
Infierno, sheol, hades, estado de ultratumba.
Existencia tenebrosa, más para no ser que para ser.
Entró en el sheol, es decir, murió.
¿Qué es morir?
¿Qué pasa al penetrar el reino de la muerte?
Descendió a los infiernos,
participó del destino mortal de todos...
Más que dolor físico,
la soledad radical, el abandono absoluto.
Soledad en lo más profundo del ser,
que tratamos de ocultar...
-¿quién soporta la soledad,
quién no busca sin cesar compañía?-
¡Ah, soledad, cuánto tiempo durarás!
Soledad, ámbito de angustia propio
del destino de un ser llamado a ser
y que, sin embargo, le resulta imposible.
Miedo a sí mismo.
La soledad más honda,
inquietud, inseguridad de la existencia.
Sólo la superación del miedo
nos muestra su esencia:
miedo a la soledad,
miedo a la angustia de un ser
que sólo puede vivir con los demás.
No se vence al miedo con la razón
sino con la presencia del "Amante"...

Soledad sin palabras, sin contacto,
eso es el miedo, eso es el infierno...

Soledad donde la palabra amor ya no resuena,
soledad e inseguridad de la existencia.
Todo encuentro humano es superficial,
nadie tiene acceso a la intimidad del otro.
Los encuentros son muy hermosos,
porque adormecen la incurable herida de la soledad.
En lo más profundo de nuestra existencia mora el infierno,
la desesperación, la inevitable y tremenda soledad.

Una cosa es cierta: existe la noche,
en cuyo aislamiento no penetra ninguna voz;
hay una puerta, la puerta de la muerte,
por la que vamos pasando uno a uno.
Todo el miedo es, en definitiva, miedo a esta soledad.
Sheol es muerte y es infierno

La muerte es pura y simplemente soledad 
y el infierno es esa soledad en la que el amor no puede entrar.

Franqueó la puerta de nuestra más profunda soledad,
en su pasión penetró en el abismo de nuestro abandono.
Allí donde ya no podemos oír ninguna voz, allí está Él.

Por tanto, ya no existe la muerte que antes era el infierno.
Ni el infierno ni la muerte son ya lo mismo,
porque hay vida en medio de la muerte,
porque el amor habita en ella.
El infierno o la segunda muerte,
es ahora el encerrarse voluntariamente en sí mismo.
La muerte ya no conduce a la soledad,
las puertas del sheol están abiertas de par en par.
Cuando murió Jesús, se abrieron los sepulcros
y resucitaron los cuerpos de muchos santos.
La puerta de la muerte está abierta,
desde que en la muerte habita la vida, el amor.../.
(JR&MCS)