EN EL MANANTIAL

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ESTUDIO DEL PINTOR

lunes, 16 de noviembre de 2020

34º domingo T. O. JESUCRSITO, REY DEL UNIVERSO

34º Domingo, JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO, Mt 25, 31-46

El fin de la creación es que Dios sea todo en todos, para todos, pero el ‘ansia de poder’ surge siempre de los abismos oscuros…, donde ni llega la luz ni puede hablarse propiamente de vida.

Si algo caracteriza a nuestro mundo son eso que podríamos llamar “dinámicas de exclusión de nuestro sistema social”. Según parece, equivocadamente, o porque así nos han educado, y nos lo hemos creído, para crear sociedad necesitamos sentirnos atacados de algún modo, necesitamos defendernos contra el diferente, porque los especialistas en ‘ingeniería social’ nos quieren ‘ovejunos’ en el peor sentido de la palabra, ovejunos, dóciles y sobre todo de pensamiento débil, o sencillamente débiles, sin ningún tipo de pensamiento. Y a la vista de los resultados tenemos que reconocer que no lo hacen mal del todo. ¿Terminaremos cocidos como la rana en la cazuela por dejarnos lobotomizar?

Vivimos bajo la ilusión de saber lo que queremos cuando, en realidad, deseamos únicamente lo que se supone (socialmente) que hemos de desear. Nos hemos transformado en autómatas que viven bajo la ilusión de ser individuos dotados de libre albedrío.

Frente a todo esto, Jesús, y con él toda la tradición profética de Israel, denuncian con frecuencia aquellas posiciones de privilegio religioso, económico, social o político que reproducen la esclavitud de muchedumbres contra el plan liberador de Dios, el Buen Pastor. Hoy escuchamos cómo Dios mismo toma las riendas y releva a quienes no han sabido cuidar especialmente las ovejas enfermas o heridas. Dios se presenta como quien las reúne, cuida, congrega y apacienta. No tolera ver a sus ovejas dispersas, dispersas y ‘autoconvencidas por otros’ de que nada puede cambiar.

Porque en nuestro mundo empieza a imponerse por todas partes el ‘pensamiento único’ propio del dominio mental al que tratan de someternos; se premia al que se subordina a la corriente dominante; y se castiga sin piedad al que se atreve a dudar de lo impuesto. Esto es muy fácil de ver en lo referente a la ‘libertad de expresión’: nadie miente tanto como los partidos políticos en el gobierno -siervos fieles de los que no aparecen, de los verdaderos gobernantes- muy preocupados en sacar leyes que persigan a tanto mentiroso ‘como esos que les sacan a la luz sus vergüenzas, demostrándoles que mienten, y a los que hay que perseguir sin tregua’, sobre todo creando comisiones gubernamentales que digan dónde está la verdad, la suya naturalmente, ‘experta en dividir’. Ya no se lleva al disidente a la hoguera, pero hoy por hoy los procedimientos de destrucción social son más sutiles, y no menos efectivos.

Por esto, ‘mal comprendemos el evangelio de hoy si entendemos que Dios separa’. La descripción solemne que hemos proclamado nos ambienta en el escenario de un juicio: Dios pone en claro la verdad que muchas veces queremos ocultar o suavizar; deja en evidencia las divisiones que hemos generado y en las que gastamos las fuerzas: pensamiento único, sin fronteras que estorben la actividad económica “de ellos”, CIE’s, aislamientos, cárceles, telebasura, radiobasura, suburbios..., los descartados en los arcenes de todas las autopistas del mundo por las que circulamos ‘los elegidos’. De nada valen nuestras celebraciones y liturgias, nuestros rezos y devociones, si nuestra “gordura, no solamente física, por la cuenta que me trae” delata que hemos mirado únicamente por nosotros, cerrándonos a la necesidad de tantos desnudos, hambrientos, enfermos…, ovejas a las que hemos orillado acumulando su parte y en las que Dios quiere hacérsenos presente.

Pero, nuestro mundo no se lo pone fácil a Dios –“nuestros servidores públicos” sueñan en convertirse en los ‘dueños’ de todo lo público-, por ello tras intentar acabar con la libertad de expresión el siguiente paso es exterminar la ‘libertad de pensamiento’, lo que ya permite la tecnología. Asusta pensar lo que pueden hacer con nosotros mediante el control del cerebro. En ciencia se suele decir que “si algo puede hacerse, aunque lo prohíba la ley, en algún lugar alguien ya lo está haciendo”.

La tecnología tiene su lado positivo en cuanto a la cura o el tratamiento de enfermedades, entre otras muchas aplicaciones benignas, pero la historia muestra con nitidez que también puede ser empleada para el mal, para el control social, de una sociedad cada vez más inmersa en la era digital.

Controlar el cerebro es un paso hacia el control total. El ‘Gran Hermano’ de G. Orwel en su novela 1984, va a quedar, si no ha quedado ya, holgadamente superado. Existirá un verdadero control absoluto sobre el individuo. Sin la menor intimidad o voluntad propia. Hasta los mínimos pensamientos estarán vigilados y podrán ser perseguidos y castigados, simplemente por intuir el controlador que el individuo o colectivo controlado podría llegar a cometer una acción no permitida.

De ahí que sea nuestra supuesta libertad la que puede generar ‘infiernos eternos’ porque damos la espalda al Buen Pastor que quiere reunirnos para ser “todo en todos”. En la fiesta de Cristo, Rey del Universo, las lecturas nos recuerdan que el modo de reinar del Señor es reunir. El último enemigo en ser derrotado será la muerte, porque la muerte separa radicalmente. Y Cristo la vence muriendo, víctima de principados y poderes. Víctimas y victimarios son invitados a aniquilar la fuerza de un sistema de venganza y exclusión que mata.

Mientras tanto, sordos a la voz del Buen Pastor, de una manipulación externa clásica (mental) llegaremos a otra interna (cerebral). Ni más ni menos que formas diversas de dominación indirecta. Ejecutadas de modo sibilino, sin algaradas, sin llamar la atención para que pasen desapercibidas y no creen rechazo. Al contrario, el verdadero éxito se alcanza cuando el objetivo de la astuta maniobra -una persona o todo un colectivo- reacciona creyendo que las decisiones que adopta, en forma de acciones u omisiones, son un ejercicio volitivo propio, al que ha llegado tras una profunda reflexión. Las personas nos convertiremos en verdaderos autómatas, porque eso es lo que ansían “los supuestos, por ciegos, dueños de la feria”, que siguen sin poder vencer a la muerte.

Cristo reina en el universo cuando las víctimas son reivindicadas, las mentiras -con sus ministerios de la verdad- son destapadas, y la verdad permite reconstruir una relación nueva. Tenemos ante nosotros una dura tarea, no va a ser fácil; gracias a Dios no depende solo de nosotros, Cristo va delante…

Nos toca abrir los ojos, que nos quieren mantener cerrados, para estar alerta. Solo si conocemos en qué consiste y cómo se consigue esta forma perfecta de dominación mental, tendremos una posibilidad de ofrecer cierta resistencia a ella y preservar nuestras libertades.

Que “el poder no se comparte” es algo que no terminan de comprender los ‘príncipes de este mundo’, necesitarían para ello cambiar de órbita. Para lo cual deben aprender, como enseñan los electrones en la ‘mecánica cuántica’, a desaparecer. Pero, ante lo que se ignora, es inevitable el miedo. ¡No puede haber felicidad con miedo!...

No tengamos miedo, el Señor es nuestro Pastor, nada nos faltará…

…Quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios basta…

 

sábado, 26 de septiembre de 2020

CÁNTICO DEL HERMANO SOL (DE LAS CRIATURAS) SAN FRANCISCO DE ASÍS

CÁNTICO DEL HERMANO SOL

ALABANZAS DE LAS CRIATURAS 

                    Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

                    A ti solo, Altísimo, corresponden,   
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.

                    Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,        
especialmente el señor hermano sol,            
el cual es día, y por el cual nos alumbras.

                    Y él es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

                    Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, 
en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas.

                    Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,         
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,          
por el cual a tus criaturas das sustento.

                    Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.

                    Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,          
por el cual alumbras la noche,          
y él es bello y alegre y robusto y fuerte.

                    Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,           
la cual nos sustenta y gobierna,        
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.

                    Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,           
y soportan enfermedad y tribulación.

                    Bienaventurados aquellos que las soporten en paz, 
porque por ti, Altísimo, coronados serán.

                    Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,           
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

                    ¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!:     
bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad,           
porque la muerte segunda no les hará mal.

                    Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.




















 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

LA SOMBRA DEL YO, EL PECADO

LA SOMBRA DEL YO, EL PECADO    

Uno deviene completo y santo cuando es capaz de aceptar la sombra de su yo o, por decirlo en un lenguaje moral, cuando es capaz de admitir su pecado. ‘Esencialmente, pasamos de la inconsciencia a la consciencia a través de una lucha deliberada con la sombra de nuestro yo’. El propio Jesús solo empieza a hablar después de haberse "retirado al desierto, movido por el Espíritu, para ser tentado por el diablo" (Mt 4,1). ¡El hecho de que los demonios siempre sepan quién es Jesús (cf. por ejemplo, Mc 1,24) obedece a que él ya se ha confrontado con ellos! Únicamente entonces "despertamos". No falla: las personas inconscientes nunca han luchado con su propia miseria y desgarradura y son falsamente "inocentes" (otra forma de decir ‘incólumes’: sin roturas).

La mayor parte de la gran literatura universal, incluyendo la poesía y el teatro, evidencia de forma persuasiva este punto. ‘El problema no es tanto pecar cuanto la falta de disposición a admitir que hemos pecado’ o al menos como hace Jesús, a confrontarnos honestamente con las tinieblas y con nuestra capacidad de obrar el mal. Para decirlo sencillamente, no es accidental ni carece de importancia que Jesús fuera "tentado". Quienes deberían preocuparnos son aquellos que pretenden estar por encima de todo ello.

Estos son quienes destruyen la historia y las relaciones, y Jesús los llama "sepulcros blanqueados" y "guías ciegos" (Mt 23,24.27). Dios parece estar bastante avezado en utilizar los pecados de las personas para obrar el bien, mas ¡no puede servirse de quienes se resisten a ver su lado oscuro! Jesús nunca se disgusta con los pecadores, sino sólo con quienes piensan que no lo son. Mucho más problemáticas son, para él, las personas que se creen justas, porque estas sólo están, en el mejor de los casos, a mitad de camino.

En 2Sm 7, David quiere construir a Yahvé una casa para probarle que es un buen chico. A través de Natán, Yahvé le dice a David: "No quiero que me construyas una casa. ‘Yo’ te la construiré a ‘ti’. Te daré paz con todos tus enemigos. Yahvé te hará grande. Yahvé te construirá una casa y, cuando hayas llegado al término de tu vida y descanses con tus antepasados, protegeré eternamente a tus descendientes".

Este pasaje puede ser llamado el "gran giro", y yo añadiría: el giro necesario. Todos empezamos pensando que vamos a hacer algo por Dios y, al final de nuestra vida, nos damos cuenta de que Dios lo ha hecho todo por nosotros. Comenzamos por la disposición a suscribir una alianza bilateral con Dios y terminamos percatándonos de que esa alianza es, en su mayor parte, unilateral. ¡La gracia ha rellenado todos los huecos!

En ese punto de inflexión oímos a David pronunciar una bella oración en respuesta a Dios, una oración que yo llamo la «oración del "pero ¿quién soy yo"?». (Esta es la oración que todos pronunciamos cuando se nos concede la gracia. Es la oración de María en la Anunciación, así como la ininterrumpida oración nocturna de san Francisco en la cueva). "¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia para que me hayas hecho llegar hasta aquí?" (2Sm 7,18ss), dice David.

Permitirse uno a sí mismo ser amado por Dios es ser amado por Dios. Permitirse uno a sí mismo ser elegido es ser elegido. Permitirse uno a sí mismo ser bendecido es ser bendecido. Es difícil aceptar ser aceptado, en especial por Dios. Se requiere una cierta clase de humildad para rendirse a ello y más aún para perseverar en creerlo. Cualquier persona utilizada por Dios sabe que esto es verdad: Dios elige y luego utiliza a quien él quiere, y la capacidad de estas personas de ser utilizadas por Dios deriva de su disposición a permitirse a sí mismas ser elegidas en primer lugar. ¡Qué gran paradoja!

El amor de Dios es constante e irrevocable; la parte que a nosotros nos toca es estar abiertos a él y dejarnos transformar. No hay absolutamente nada que podamos hacer para mover a Dios a amarnos más de lo que ya nos ama; y tampoco hay absolutamente nada que podamos hacer para moverlo a amarnos menos. ¡Es nuestro sino! La única diferencia es la que existe entre quienes consienten en ello y quienes no, pero tanto unos como otros son amados de forma objetiva y por igual. Quien se percata de ello sencillamente lo disfruta y extrae vida siempre nueva de esa toma de conciencia.

Aunque esa ha sido la historia de toda mi vida, yo todavía no me lo creo plenamente, porque se me antoja demasiado bueno, algo que desborda mis más audaces esperanzas: tal vez sea un intento de darme ánimos a mí mismo, tal vez pensamiento desiderativo, tal vez "gracia barata", tal vez deficiente teología. Pero luego leo los relatos de los santos bíblicos y conozco santos en prisiones y hospitales, y sus vidas me dicen que eso es cierto. Son siempre pecadores en rehabilitación y saben que Dios no los ama porque sean buenos, sino porque Él es bueno.

(Fr. R. R. & cía., OFM)

 

sábado, 22 de agosto de 2020

CARISMÁTICOS

 

CARISMÁTICOS  (“ESPIRITUALIDAD A LA CARTA”)

 

Dentro de lo que podríamos denominar “espiritualidad a la carta” -la necedad está convencida de poder comprarlo todo, que viene a ser más o menos lo mismo que ignorarlo todo- se producen actualmente dos movimientos influyentes de nuestro tiempo; en el seno de la Iglesia, el ‘movimiento carismático’; fuera de la Iglesia, lo que se ha denominado ‘New Age’.

Dentro del movimiento carismático se propaga a menudo una teología de la ‘resurrección’ y de la ‘gloria’, pero mucho menos se quiere oír hablar de la teología de la ‘cruz’, no se quiere dirigir la mirada continuamente a ese Cristo muerto en la cruz, el de la pasión. Se busca a menudo una redención que evite “pasar” por el sufrimiento y la muerte.

En cierta ocasión, tras predicar a unos carismáticos acerca del significado de la muerte de Jesús en la Cruz, recuerdo como los rostros de mi auditorio se volvían cada vez más largos e insatisfechos. Al final se acercó a mí una mujer y me increpó: “¿y usted pretende ser un franciscano?, ¡entonces debería ser feliz y predicar la alegría!, ¡pero usted habla horas y horas de la cruz!, ¡avergüéncese!”. Con sermones sobre la cruz, el dolor, el sufrimiento y la muerte a duras penas se podrá conseguir algo en estos círculos.

Para ellos, mayor cantidad es siempre mejor. Si hay que oficiar la liturgia frente a carismáticos, se puede tener la experiencia de que la comunidad quiera cantar catorce cantos de entrada y otros tantos después de la comunión. Los textos de las canciones que se repiten continuamente en tales oficios, reflejan también una parcial “teología de la gloria”. Por regla general, el tratamiento que hacen servir para Dios y Cristo son los que se refieren a su magnificencia: el Señor, el rey, el todopoderoso, el resucitado, el glorioso, el supremo. ¡Cuánto más, mejor! Son incapaces de comprender que esas cuentas no cuadran. Piensa que, si ‘un’ “alabad al Señor” es bueno, ‘cuarenta y cinco’ “alabad al Señor” serán mejor. Todo esto lo estoy diciendo con un gran respeto a los dones que se reconocen en el movimiento carismático. Sin embargo, si este movimiento no descubre y asume sus propios lados sombríos, irá por un camino que solo puede llevar: “hacia una superficialidad cada vez mayor”.

Esto conlleva, por ejemplo, que la mayoría de los “carismáticos” eludan las cuestiones sociales (por lo demás esto ya se daba de forma similar en la comunidad de Corinto, tan carismáticamente orientada, y que Pablo, precisamente por este motivo, atacó tan tenazmente (cfr. 1 Cor 11,17-34). En lo referente a estos temas de la justicia y la cruz, el dolor, el sufrimiento y la muerte, su actitud parece ser la siguiente: “no queremos tener que martirizarnos con esos sucios asuntos. Nosotros queremos ser brincos de alegría, tocar palmas y cantar a Jesús, el Señor”. Mi pregunta a estos grupos es la siguiente: ¿Qué ‘quiere decir’ la frase de que Jesús es el Señor?, ¿qué ‘consecuencias prácticas’ tiene eso para los problemas del mundo? 

En los movimientos carismáticos se ha extendido un método determinado que trata la cuestión de cómo hay que convivir con el sufrimiento y el dolor. Se trata de la variante cristianizada del “pensamiento positivo” (este principio parte de la premisa de que nuestro pensamiento influye esencialmente sobre nuestro estado de ánimo, cosa que es cierta, pero todo en su dosis adecuada. Teniendo conscientemente “pensamientos positivos” tengo la posibilidad de llegar a ser feliz, estar satisfecho y conseguir el éxito. Toda una ola de libros que son deudores de este principio han inundado en los últimos años el mercado del libro. Pero, hay una ley no escrita en ninguna parte que afirma que todos los ‘idealismos’ terminan chocando contra la realidad, destrozados, pues Hitler estaba convencido de la conquista de Europa, como lo estuvo Napoleón, en sus mentes, pero, es una lástima que exista una realidad más allá de nuestro cráneo -de la que éste cree poder evadirse, este es el pecado idealista-, que no siempre está dispuesta a darnos la razón): nos aconseja este “pensamiento positivo” que los creyentes no deben guardar duelo por sus pérdidas o por el dolor, sino que deben “dar gracias a Dios”, también en los momentos difíciles, incluso cuando no comprendan su manera de actuar -como aquel cura que en el entierro de un muchacho de quince años trataba de consolar a la afligida madre con el argumento de que no tendría ocasión de convertirse en un drogadicto ni un maleante, desde luego, algunos deben hacérselo mirar con más detenimiento del que ellos creen-. Puesto que Dios ha permitido tal o tal cosa, ya habrá de tener un sentido; sus pensamientos son más elevados que nuestros pensamientos. Por ello la queja y el duelo son considerados, en los grupos carismáticos más extremistas, como expresión de la incredulidad, y tienen que ser reprimidos o asumidos “en la obediencia”. La teología de la gloria, que sobre todo tiene muchos partidarios en los EEUU y en los países escandinavos, llega en parte tan lejos que promete a los cristianos que ellos, como hijos de Dios que son, tienen la ‘prerrogativa’ de ser ricos, felices y exitosos en este mundo -¡y si hay que exterminar a todos los indígenas, pues se les extermina, el éxito está de nuestra parte!-. El método de la continua alabanza conduce a la “oración del éxito” (algunos hablan de la “oración dinámica” y prometen: “¡La fuerza universal de Dios está a su alcance!”. Un “ángel del bienestar y de la salvación” está a nuestra disposición si rezamos siguiendo este método. Aún más: “¡Después de la oración llega indefectiblemente la luz!”). En ella se recomienda imaginarse, a ser posible vivamente, aquello que se desea (“visualizarlo”) y a continuación captarlo “en la fe”: -¡esta vez ya no se extermina a los indígenas, se les obliga a sembrar opio en lugar de arroz, por las nobles intenciones del imperio, si eso provoca las mayores hambrunas conocidas en el país durante años, poco importa, “dios” salva a la ‘reina’!-.

En verdad en la Biblia encontramos aquí y allá personas que en la práctica de la oración se atienen a las promesas de Dios (“lo positivo”); sin embargo, esto jamás va a querer decir que la pena, el dolor y la tentación sean reprimidos. En los salmos podemos escuchar a personas que muestran su dolor ante Dios en tono quejumbroso: luchan con él; incluso se atreven a retar a Dios y a acusarle. Jesús luchó y padeció hasta el final con el dolor de la muerte en Getsemaní y en la cruz, y no lo hizo más llevadero con cantos alegres de alabanza y con el recurso del pensamiento positivo. Él rechazó la esponja con hiel y vinagre, un remedio usual entonces para combatir el dolor. No deberíamos apresurarnos a “visualizar positivamente” sin aprender a asumir primero el dolor.

La “pastoral cognitiva” tan apreciada por los carismáticos persigue una meta similar. Se renuncia a examinar a fondo las causas de un problema (por ejemplo a investigar en la infancia de una persona), sino que se parte de la premisa de que es posible crear una condición nueva mediante un cambio de forma de pensar. En vez de pensar continuamente “soy un fracasado”, se deben adquirir nuevas costumbres en la manera de pensar, por ejemplo, diciéndose una y otra vez la frase: “Jesucristo me ama”. Del mismo modo que este método puede ayudar como medida auxiliar, también puede resultar peligroso si es el único principio terapéutico, y no se supera realmente el pasado. Entonces se corre el peligro de que se trata de un lavado de cerebro religioso que convierte a la persona tratada en una marioneta de la verdad “correcta” del Evangelio. En este caso el Evangelio se convierte en una ideología optimista que domina el cerebro del ser humano mientras las capas más bajas siguen “privadas del bautismo”. Esta forma de asesoría pastoral es un auténtico veneno, pues refuerza una tendencia que de todas formas ya es demasiado dominante (no debemos caer en la tentación de ensalzar el control de los pensamientos como el único o el más importante método de la convivencia con uno mismo, es muy importante la confrontación con lo que pensamos para nuestro crecimiento personal).

Observaciones similares se pueden constatar en amplios círculos del movimiento New Age. Multitud de libros y de cursillos prometen -a un alto precio- armonía, iluminación y felicidad en la vida. Un cristianismo que de cara al exterior da una sensación de tristeza y de falta de alegría ha contribuido en cualquier caso a que las personas que buscan un sentido a su vida sean susceptibles a las caras promesas de felicidad y armonía del mercado pseudo-religioso de la psique. La “era de Acuario”, -en la que se supone que estamos- cuya irrupción fue celebrada en los círculos New Age, está aparentemente marcada por una bondad y armonía completa -sin virus cantamañanas que nos amarguen la existencia y nos lleven por el camino de sus mandatos-.

Podemos trazar una línea que va desde los hijos del hipismo de los años sesenta, que hicieron trasbordo a un mundo de fantasía en vista de la guerra y de un absurdo mundo laboral, directamente hasta el narcisismo de la posmodernidad. El celebrado descubrimiento del individualismo acabó finalmente en el caso de los “exploradores del sentido” en el egocentrismo individual y en el ejercicio continuo de mirarse el ombligo con fines terapéuticos.

Síntoma de esta tendencia es el presente consumismo espiritual. Después de que la sociedad occidental haya explotado materialmente la tierra, nos apropiamos ahora del legado espiritual de oriente, en la mayoría de los casos sin haber pagado el precio de “una vía interior seria que nos invite a emprender la vía dura y pedregosa de la conversión”.

Pero, Oriente ya hace tiempo que nos tomó la medida, y se apropió del legado material de occidente, pagó su precio, y también ha pagado el nuestro, no tiene prisa, cobrar es cuestión de tiempo…/.

domingo, 9 de agosto de 2020

EL RÍO DE LA VIDA

 

EL RÍO DE LA VIDA…

 

“Nuestra vida son los ríos que van a dar en la mar”, decía el poeta Jorge Manrique, y es en momentos como este, cuando nos es dado percibir que también es posible la paz y la alegría en la “noche oscura”, cuando descubrimos, si no tenemos demasiada prisa, que podemos ver al río transcurrir entre dos orillas, entre la “Lógica” y la “Nada”, lo que unos llaman “Lógica” y otros “Nada”…                                                                                                                  

 Sobre el río hay un puente. Los lógicos -que aseguran tener los pies en la tierra- afirman que no saben si une las dos orillas. El puente arranca o llega a su orilla, pero el otro extremo del puente, así como la otra orilla, la “Nada”, no es algo que pueda verse con los ojos de la cara, o quizá sí, pero no se quiera, o no se esté preparado, por la mala educación.

Los lógicos afirman que puesto que todo tiende al “No-Ser”, lo más lógico es que no exista nada, tal como afirman que sucede en la otra orilla del río, que les da la razón, pero en cuya existencia, por cierto, no creen, pese a contemplar el río y vivir gracias a él, en él.

Pusieron un guardián en el puente, al “Soberbio Espíritu de la Razón”, según dijeron para cerrar el paso; pero también eso ha resultado inútil, porque se les ha hecho “cuántico” y más que razonable se muestra un poco loco, por decirlo sin herir a nadie.

Nadie podría pasar a la otra orilla sin derrotar antes al “cuántico” guardián; pero el problema es que aunque se supone que está, no se le termina de ver.

Ya no les basta con tener razón, porque también ésta se ha hecho “cuántica”, y según el humor que tenga y en dónde esté funciona de una manera o de otra; también ella, como el guardián, parece un poco loca.

Quizá, se temen lo peor, tengan que terminar aceptando que son la otra orilla, la que dicen no ver, y que deberían abandonar antes de que se derrumbe el puente…, si bien es cierto que solo tenemos necesidad del río.

Trataron, por lo tanto, de asegurar el puente con unas “cuerdas”, y éstas, por mor de la física cuántica se les transformaron en una teoría que ha hecho del universo un lugar tan elegante que solo parece estar al alcance de Dios.

Siempre que nos oponemos a lo que no entendemos estamos rechazando el riesgo creador del Reino: “Vino a los suyos y los suyos no la acogieron...

…Porque me has visto, has creído; dichosos los que creerán sin haber visto”.

Con demasiada facilidad se nos olvida que “a la hora de la muerte, cuando nos encontremos cara a cara con Dios, seremos juzgados de amor: sobre cuánto hemos amado. No sobre cuánto hemos realizado, sino sobre cuánto amor hemos puesto en lo que hemos hecho”.

Cuando nos pregunten: ¿has vivido, has amado? Sin decir nada, lo mejor será “abrir nuestro corazón lleno de nombres y mostrar nuestras manos vacías”, que no retuvieron nada, que todo lo entregaron…

El río, la corriente de la vida, la podemos contemplar desde la orilla de la desesperanza, de la amargura, del miedo, incluso del odio a Dios -porque creemos que nos sobran los motivos, a veces con esa razón tan nuestra-, con lo que no conseguiremos sino amargarnos la propia existencia; o por el contrario “aceptando en paz lo inevitable”, pasando a la otra orilla, donde nos será dado descubrir, pese a todo, la alegría, la confianza, el amor, la esperanza, la fidelidad a Dios…, porque así es la corriente de la vida, y no es cierto que nos vayan a pagar lo mismo, por eso es mejor comenzar ya desde aquí-ahora a vivir como resucitados, así nos daremos cuenta, como decía mi abuela Guadalupe, de que ¡nadie se muere nunca!...

 

 

domingo, 12 de julio de 2020

LA VISITACIÓN, Lc 1, 39-45


LA VISITACIÓN
Evangelio según san Lucas 1,39-45
En aquellos días se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó lleva de espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¡de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!