EN EL MANANTIAL

EN EL MANANTIAL
ESTUDIO DEL PINTOR

domingo, 15 de diciembre de 2019

CONVERSACIONES CON LAO TSÉ


MUTACIONES: TUI, EL LAGO, LA HIJA MENOR
(Conversaciones con Lao Tsé)

Principio y fundamento de la alegría como atributo personal significa que la verdad, la fuerza y la firmeza interior se manifiestan hacia afuera mediante la suavidad y la dulzura; claro que, se requiere también como necesaria la constancia. Así se adopta la postura correcta ante Dios y las personas. Cuando por la amabilidad conquistamos a los que podríamos llamar buscadores, ellos asumirán todas las circunstancias penosas, y no se arredrarán ni tan siquiera ante el poder de la muerte. Así de grande es el poder de la alegría.
Algunos caminos nos obligan a ir más allá de los opuestos mentales a los que tan acostumbrada está la mente dualista, entonces nos es dado descubrir que somos como un profundo lago. La situación externa de nuestra vida, y lo que allí ocurra, es como la superficie del lago. A veces está en calma, otras veces agitada, dependiendo de los ciclos y estaciones. Sin embargo, en lo profundo, el lago siempre permanece inalterado. Debemos ser conscientes de la totalidad del lago, no sólo de la superficie, y estar en contacto con nuestra propia profundidad, que permanece absolutamente quieta. No nos resistimos al cambio aferrándonos mentalmente a ninguna situación. Nuestra paz interna no depende de ello. Habitamos en el Ser -inmutable, intemporal, inmortal- y ya no dependemos del mundo externo, de las formas eternamente cambiantes, para sentirnos felices o satisfechos. Puedes disfrutar de las formas, jugar con ellas, crear nuevas formas apreciar la belleza de las cosas…, pero no necesitas apegarte a nada.
Una de las prácticas espirituales más poderosas es la de meditar profundamente en la mortalidad de las formas físicas, incluida la propia. A esto se le llama “morir antes de morir”. Entra en esta práctica profundamente. Tu forma física se está disolviendo, deja de ser. Después llega un momento en que todas las formas mentales o pensamientos también mueren. Sin embargo, ‘tú’, la presencia divina que eres, sigue estando allí. Radiante, plenamente despierto. ‘Nada real ha muerto jamás; sólo los nombres, las formas y las ilusiones’.
‘La realización de la dimensión inmortal’, tu verdadera naturaleza, es el otro lado de la compasión. Desde el sentimiento profundo ahora reconoces tu propia inmortalidad, y a través de la tuya, también la de todas las demás criaturas. En cuanto a la forma, compartes la mortalidad y la precariedad. En cuanto al ser, compartes la vida radiante, eterna. Estos son los dos aspectos de la compasión. En la compasión, los sentimientos aparentemente opuestos de tristeza y alegría se funden en uno y se transmutan en una profunda ‘paz interna’. Es la ‘paz de Dios’, uno de los sentimientos más nobles que los seres humanos podemos sentir, que tiene una gran cualidad sanadora y un tremendo poder transformador. Pero la verdadera compasión es bastante rara. Tener un alto grado de empatía por el sufrimiento de otro ser humano requiere, ciertamente, un alto grado de conciencia, pero ésta es sólo una de las caras de la compasión. No lo es todo. La verdadera compasión va más allá de la empatía o de la simpatía, y no despierta hasta que la tristeza se funde con la alegría, la alegría de Ser más allá de la forma, la alegría de la vida eterna.
Recuerda que tu percepción del mundo es un reflejo de tu estado de conciencia. No estás separado del mundo. No hay un mundo objetivo ahí afuera. Tu conciencia crea el mundo que habitas a cada momento. Una de las grandes comprensiones aportadas por la física moderna es la de la unidad entre el observador y lo observado: ‘la persona que dirige el experimento -la conciencia observante- no puede separarse del fenómeno observado, y si miras de otra forma, el fenómeno observado se comportará de manera diferente’. Si crees, a nivel profundo, en la separación y en la lucha por la supervivencia, entonces verás esa creencia reflejada a tu alrededor por todas partes, y tus percepciones estarán gobernadas por el miedo. Vives en un mundo de muerte donde los cuerpos luchan, se matan y se devoran unos a otros.
Nos toca despertar de nuestra identificación con la forma, porque nos jugamos algo importante. Entonces ya no estarás ligado a este mundo, a este nivel de realidad. «Puedes sentir sus raíces de lo No-Manifestado, y así eres libre del mundo manifestado. Puedes seguir disfrutando de los placeres efímeros del mundo, pero ya no temes perderlos y tampoco necesitas aferrarte a ellos. Aunque puedes disfrutar de los placeres sensoriales, el ansia de experiencia sensorial desaparece, como también desaparece la búsqueda constante de gratificación psicológica, que es alimento para el ego. Estás en contacto con algo infinitamente mayor que cualquier placer, mayor que cualquier cosa manifestada».
En cierto sentido ya no necesitas del mundo. Ni siquiera necesitas que sea distinto de como es. Sólo en este punto eres capaz de sentir verdadera compasión y de ayudar eficazmente a los demás en el nivel de las causas. Sólo los que han trascendido el mundo pueden crear un mundo mejor.
La naturaleza dual de la verdadera compasión es conciencia del vínculo común de la mortalidad y la inmortalidad que compartimos. En este nivel profundo, la compasión se convierte en sanación en su sentido más amplio. En ese estado, tu influencia sanadora no se basa fundamentalmente en el hacer, sino en el ser. Mucha gente no se da cuenta de que la “salvación” no está ni puede estar en las cosas que hacen, poseen o logran. [En “Sabiduría de un pobre”, donde narra algunos aspectos de la psicología de san Francisco de Asís y su relación con Dios, dice E. Leclerq: “El hombre no se salva por sus obras, por muy buenas que sean. Es preciso que se haga él mismo obra de Dios… Entonces se hace niño y juega el juego divino de la creación.  Puede mirar con igual corazón al sol y a la muerte. Con la misma gravedad y la misma alegría”]. Los que se dan cuenta de ello se sienten a menudo cansados del mundo y se deprimen: Si nada puede darme la verdadera satisfacción, ¿queda algo por lo que merezca la pena luchar? ¿Para qué intentar nada? El profeta del AT debió haber llegado a esta misma conclusión cuando escribió: “He visto todo lo que se hace bajo el sol, y todo es vanidad y atrapar vientos” (Qo). Cuando llegas a este punto, estás a un paso de la desesperación, y también a un paso de la iluminación .“Es hora de dejarle a Dios ser Dios”.
Todas las personas con las que entres en contacto se sentirán tocadas por tu presencia y afectadas por la paz que emanas, seas consciente de ello o no. Cuando estás plenamente presente y la gente que te rodea muestra una conducta inconsciente, no sientes la necesidad de reaccionar a ella porque no le concedes el carácter de realidad. “Tu paz es tan profunda y vasta que cualquier cosa que no sea paz desaparece en su seno como si nunca hubiera existido”. Esto rompe los ciclos de acción y reacción. Los animales, los árboles y las flores sentirán tu paz y responderán a ella. Enseñas mediante tu ser, demostrando la paz de Dios. Te conviertes en la “luz del mundo”, una emanación de conciencia pura, y por tanto eliminas el sufrimiento de raíz. Eliminas la inconsciencia del mundo.



miércoles, 27 de noviembre de 2019

¡¡¡COMO NO TE COMPRENDO, TIENES QUE ESTAR EQUIVOCADO!!!



...¡¡¡CÓMO NO TE COMPRENDO, TIENES QUE ESTAR EQUIVOCADO!!!...
Desde el propio nivel de desarrollo espiritual, sólo se puede alcanzar a comprender a las personas que están sólo un poco más allá que uno mismo. Algunos teóricos dicen que uno no se puede estirar más que un paso sobre el propio nivel de conciencia, y que eso ocurre en un día bueno. A causa de esta limitación, los que están en niveles más profundos (o "más altos"), más allá del propio, invariablemente aparecen como equivocados, pecadores, heréticos, peligrosos y aún merecedores de ser eliminados. ¿De qué otra manera podemos explicar el que los profetas tan a menudo fueran asesinados, que los verdaderamente santos fueran marginados como ingenuos, y la existencia de las más bien abundantes actitudes racistas, autoprotectoras y belicosas de personas que se consideran civilizadas? Se puede ser "civilizado" y, con todo, estar juzgando desde una postura enteramente egocéntrica de un estado inicial de desarrollo. De hecho, una de las mejores cubiertas de personas muy narcisistas es ser educado, sonriente y del todo civilizado. Me han dicho que Hitler amaba a los animales y la música clásica, sobre todo Wagner [...quizá por eso, como dice W. Allen, cada vez que escuchamos a Wagner -la Valquiria- nos entran ganas de invadir Polonia].
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Si el cambio y el crecimiento no están programados en la propia espiritualidad, si no hay advertencias serias sobre el efecto negador del miedo y el fanatismo, la religión terminará, por venerar el statu quo y proteger la postura presente del yo y las ventajas personales... ¡como si fueran Dios! Aunque el primer mensaje predicado por Jesús es claramente: !¡Cambiad!" (como en Mc 1,15 y Mt 4,17), cuando dijo a sus oyentes que se "convirtieran", lo que literalmente significa "cambiad vuestra mente", no ha influido fuertemente en la historia cristiana. Esta resistencia al cambio es tan corriente, de hecho, que es casi lo que esperamos de las personas religiosas, que tienden a que les guste mucho más el pasado que el futuro o el presente. Todos podemos concluir que gran parte de la religión organizada está viviendo dentro de los puntos de la "primera mitad de la vida", lo que normalmente coincide con el lugar en que en cualquier cultura está la mayoría de las personas. Todos recibimos y transmitimos lo que nuestras gentes están dispuestas a oír, y la mayoría de las personas no son "pioneros". Sin embargo, la inteligencia de los animales se determina por su capacidad de cambiar y adaptar su conducta en respuesta a circunstancias nuevas. Los que no lo hacen se extinguen.
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Este esquema de resistencia es tan claro y aun destructivo para Jesús que hace que resuene en uno de sus dichos menos amables: "No echéis a los perros lo santo ni tiréis perlas a los cerdos porque las hollarán y luego se volverán contra vosotros y os despedazarán" (Mt 7,6). Podríamos ahorrarnos muchos disgustos o acusaciones sabiendo cuándo, dónde, a quién y cómo hablar sobre cosas espiritualmente maduras. Haríamos mejor en ofrecer lo que cada cual está dispuesto a oír estirándolo sólo un poquito. Ken Wilber dice que la mayoría de nosotros sólo quiere poner en cuestión el cinco por ciento de nuestra presente información sobre cualquier punto... ¡incluso en un buen día! Sospecho que los profetas son esos a quienes no les importa si la gente está dispuesta a escuchar su mensaje. Lo dicen porque tiene que decirse y porque es verdad.
Si no hay una autoridad sabia capaz de protegerlos y hacer real lo que dicen, la mayor parte de las personas proféticas o sabias, y casi todos sus "tempranos clientes", casi son "despedazados". Su sabiduría suena como una locura peligrosa, como la mayor parte del Sermón de la Montaña de Jesús, como Gandhi le sonaba a la Gran Bretaña, Martin Luther King a la América blanca, Nelson Mandela a la holandesa y reformada Sudáfrica, Harriet Tubman a las Hijas de la Revolución Americana, y las monjas norteamericanas al patriarcado católico.
.../... (RR. & Cía.)

jueves, 3 de octubre de 2019

SAN FRANCISCO DE ASÍS


DONDE NACEN LOS RÍOS

Hay algo que nos lleva a la condición de vivir “allí donde nacen los ríos”, es decir, en una dimensión diferente, trascendente a la de nuestra experiencia terrena.
Cuando de algún modo, en el viaje de nuestra vida, hemos encontrado lo que hay que encontrar, nos damos cuenta de que no es de este mundo, donde todas las cosas son efímeras. Nada nos evitará las lágrimas, pero éstas pueden ser de muchos tipos: dolor, tristeza, alegría… Hay una victoria trágica en la vida de cada persona, un triunfo que nos llega a través de la imagen del fracaso, o de lo que hasta entonces consideramos fracaso; es la paradoja de la vida espiritual.
Vista desde los condicionamientos de este mundo, la vida bien podríamos definirla como un viaje trágico, un verdadero fracaso, pese a todo, que termina con la derrota de la muerte. Pero la misma frase es ambigua: porque la que parece que nos derrota, termina siendo la derrotada. Nadie podrá entender esto sin pasar por aquí.
Pero, el triunfo del que hablamos “no es de este mundo”, porque el nacimiento espiritual que nos es concedido a través de la muerte, visto desde el nivel mundano de la mente ordinaria, es como una muerte. Y lo cierto es que no puede ser de otra manera.
A veces nos atascamos en la idea de que verdaderamente todo es inútil. Pero, esto sólo es así desde la perspectiva de una visión inmadura de la vida, de la búsqueda y de lo que haya de ser encontrado al final. El fracaso egoico -el fracaso del yo- como evento central de un camino que es inherentemente un camino de autoaniquilación es, por supuesto, un éxito. Por eso es apropiado que nuestra última victoria semeje un fracaso: “¿Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.
Debemos comprender la verdad de la impermanencia. No nos vamos con las manos vacías. No somos el mismo que nació e inició el viaje, somos, al final, personas distintas, con la sensación de que, pese a todo, el viaje, ha valido la pena…, y continúa, de un modo sólo accesible a los ojos del corazón.
Así como el fuego en su evanescencia evoca la vida, hay una aparente inmutabilidad que sugiere la muerte, pero muerte en un sentido de algo que trasciende a la muerte misma: una permanencia que no es de este mundo, donde todo es impermanente, pero donde también es posible un conocimiento de lo impermanente, una sabiduría o una conciencia más allá de todo lo transitorio. La vida no es algo que se termine nunca…
Hay viajes que nos descubren al final que la “otra orilla” en cuya búsqueda partimos no era otra que aquella que habíamos dejado atrás, sólo que iluminada por la conciencia de la muerte.
De una manera velada, toda nuestra vida nos remite al hecho paradójico de que el viaje no necesita hacerse y que, sin embargo, nadie puede saber esto plenamente sin haberlo realizado.
Es entonces cuando nos es dado conocer el por qué de las lágrimas y de la paz.

martes, 1 de octubre de 2019

NO TENGÁIS MIEDO


NO TENGÁIS MIEDO 
“No tengáis miedo”, nos dice Jesús una y otra vez en los evangelios. Se trata de una advertencia que podemos aplicar a todas las situaciones de miedo paralizante que nos podemos encontrar en la vida.
El miedo es un sentimiento que surge en la persona ante un estímulo que interpreta como peligroso para su subsistencia. Es un logro de la evolución y por lo tanto bueno. Su objeto primero es defender la vida biológica; sea huyendo, sea liberando energía para enfrentarse a la amenaza. Este miedo es natural y sería inútil luchar contra él. Pero el ser humano puede ser presa de un miedo aprendido racionalmente, que le impide desplegar sus posibilidades de verdadera humanidad. Este miedo artificial en lugar de defender aniquila. Este miedo es lo más contrario que podamos imaginar a la fe-confianza.
¿Por qué tenemos miedo? Anhelamos colmar nuestro déficit de ser, intentamos conseguirlo, pero surge en nosotros el miedo de no alcanzarlo. No estamos seguros de poder conservar lo que tenemos y surge el temor de perderlo. El miedo racional es la consecuencia de nuestros apegos. Creemos ser lo que no somos y quedamos enganchados a ese falso “yo”: de ahí nuestro miedo a la muerte. No hemos descubierto lo que realmente somos y por eso nos apegamos a una quimera inconsistente. Jesús nos dice: “La verdad os hará libres”. Por algunos miedos nos convertimos en creadores de máscaras que nos tranquilizan y a las que terminamos confundiendo con nosotros. Si conociéramos nuestro verdadero ser, no habría lugar para esos miedos. Hay que seguir profundizando en el autoconocimiento.
Si Jesús nos invita a no tener miedo, no es porque nos prometa un camino de rosas. Dios no es la garantía de que todo va a salir bien, sino la seguridad de que Él estará ahí en todo caso.
La confianza no surge de un voluntarismo a toda prueba, sino de un conocimiento cabal de lo que Dios es en nosotros. Aceptar nuestras limitaciones y descubrir nuestras verdaderas posibilidades, es el único camino para llegar a la total confianza. La confianza es la primera consecuencia de salir de uno mismo y descubrir que mi fundamento no está en mí. El hecho de que mi ser no dependa de mí no es una pérdida, sino una ganancia, porque depende de lo que es mucho más seguro que yo mismo. Mi pasado es Dios, mi futuro es el mismo Dios; mi presente es Dios y no tengo nada que temer.
Hablar de la confianza en Dios, nos obliga a salir de las falsas imágenes de Dios. Confiar en Dios es confiar en nuestro propio ser, en la vida, en lo que somos de verdad. No se trata de confiar en un ser que está fuera de nosotros y que puede darnos, desde fuera, aquello que nosotros anhelamos. Se trata de descubrir que Dios es el fundamento de mi propio ser y que puedo estar tan seguro de mí mismo como Dios está seguro de sí. Por grande que sean el motivo para temer, siempre será mayor el motivo para la confianza y la alegría -aunque no por ello podremos evitar las lágrimas-.
Si de verdad me creo que, visto desde Dios, todo es uno, entonces surgirá en mí un sentimiento de total seguridad de total confianza, en lo que soy y en lo que yo significo para Dios. Lo mismo que descubriré lo que Dios significa para mí. Esta experiencia no tiene nada que ver con lo que yo individualmente sea. La confianza no es un regalo para los buenos, sino una necesidad de los que no lo somos. Cuando confiamos porque nos creemos buenos, entramos en una dinámica peligrosísima, porque no confiamos en Dios, sino en nosotros mismos. Jesús nos invita a no tener miedo de nada ni de nadie. Ni de las cosas, ni de Dios, ni siquiera de nosotros mismos.
Todos los miedos se resumen en el miedo a morir. Si fuésemos capaces de perder el miedo a la muerte, seríamos capaces de vivir en plenitud. Todo lo que tememos perder con la muerte, es lo que teníamos que aprender a abandonar durante la vida. La muerte solo nos arrebata lo que hay en nosotros de contingente, de individual, de terreno, de caduco, de egoísmo. Temer la muerte es temer perder todo eso. Por tanto, es un contrasentido intentar alcanzar la plenitud de la vida y seguir temiendo la muerte. En el evangelio está muy claro. Aunque te quiten la vida, lo que te arrebatan es lo que no es esencial para ti.
Pasamos buena parte de la vida buscando caminos, ensayando senderos, dibujando horizontes y soñando con proyectos hasta que un buen día nos damos cuenta de que es el camino quien nos busca a nosotros, que el camino no había que inventarlo, sino simplemente descubrirlo. Que la vida nos ofrece lo necesario para entrar en esa patria a la que Jesús llama Padre y a la que todos aspiramos.

lunes, 16 de septiembre de 2019

ANGELUS SILESIUS, OFM








Un Dalai Lama en la cabeza
Ángela Boto


            Los neurocientíficos han constatado que estamos biológicamente equipados para la empatía, para sentir lo que sienten los otros. Esto es así gracias a unas neuronas llamadas espejo. Dicen que su descubrimiento hará tanto por la psicología como hizo el ADN por la biología.
            Bien es cierto que en muchas ocasiones no es más que una fórmula automática, pero resulta que eso de “te acompaño en el sentimiento” tiene un lugar en el cerebro y un fundamento científico. El mismo que explica la congoja que experimentamos al ver que Bergman y Bogart van a separarse para siempre al final de Casablanca, o el escalofrío que nos invade cuando al superhéroe Cruise le insertan brutalmente un chip a través de la nariz en la enésima entrega de Misión imposible. ¿No es cierto que basta que un niño comience a llorar para que haya un estallido casi general en la guardería? En definitiva, que los neurocientíficos han constatado que estamos biológicamente equipados para la empatía, para romper las barreras que nos separan de los otros y sentir como ellos. Y aún más, el cerebro humano tiene herramientas para leer las mentes ajenas y, en cierto modo, para predecir el futuro.
            Tan delicadas tareas corren a cargo de las denominadas neuronas espejo, rebautizas por Vilayanur Ramachandran, director del Centro de Cerebro y Cognición de la Universidad de California, como “las neuronas Dalai Lama” por su empatía y compasión. El mismo investigador ha llegado a afirmar que “el descubrimiento de las neuronas espejo hará por la psicología lo que el ADN por la biología”. Por su parte, el padre del hallazgo, Giacomo Rizzolatti, de la Universidad de Parma (Italia), se muestra modesto cuando se le pregunta su opinión. “Es un poco exagerado, pero quizá Ramachandran tenga razón porque el mecanismo de espejo explica muchas cosas que antes no se comprendían”.
            El equipo de Rizzolatti las encontró por casualidad a principios de los años noventa, aunque, como ha explicado en alguna ocasión el investigador italiano, les costó varios años creerse lo que estaban viendo. Y no es para menos, porque lo que en su momento parecía ser simplemente un sistema de imitación de movimientos se está convirtiendo con los años y con los resultados de múltiples trabajos en una potencial revolución dentro de las neurociencias. En el sistema de espejo podría encontrarse la clave de nuestra condición como seres sociales, de los procesos de aprendizaje, de trastornos tan complejos como el autismo e incluso de la evolución del lenguaje.
            Pero eso no es todo, las neuronas espejo se perfilan como un auténtico pozo de sabiduría, hay quienes sugieren que en ellas se encuentran las bases de algo tan alejado hasta ahora de la biología como los sistemas éticos, algunas tradiciones místicas o la cultura.
            Como el propio Rizzolatti admite, su equipo tuvo la suerte de estar en el lugar justo para encontrar este tesoro neurológico. En aquella época estaban estudiando en monos un área de la corteza cerebral asociada al movimiento. Para ello habían conectado de forma permanente una serie de electrodos en la cabeza de los animales de tal modo que cuando cogían o movían objetos, el monitor emitía un chasquido que significaba que las neuronas se encendían, que estaban trabajando.
            Un buen día, los científicos descubrieron con sorpresa que los chasquidos no sólo aparecían cuando el propio animal recogía los cacahuetes y los abría, sino que también se podían oír cuando veía a otro mono o incluso a los investigadores hacerlo. Es decir, que para su cerebro era lo mismo llevarse la golosina a la boca o que otro lo hiciera. Es más, los investigadores comprobaron que el sonido de abrir el cacahuete era suficiente para que las neuronas de “me lo voy a comer”, más tarde denominadas espejo, se pusieran en marcha. Las técnicas de imagen confirmaron más tarde que los humanos también disponen de un sistema de espejo, pero más sofisticado.
            Aunque hay muchas preguntas por contestar en cuanto a la ubicación y distribución de las neuronas espejo en el cerebro sapiens, lo que parece claro es que la base del funcionamiento es la misma que en los simios. Cuando un individuo ve a alguien coger una pelota, su cerebro la coge también y vive todo el proceso de lanzarla como si realmente lo estuviera haciendo. De hecho, un trabajo realizado en el University College London con bailarines del London’s Royal Ballet y expertos en capoeira –una danza marcial brasileña– demostró que el cerebro de ambos grupos ejecutaba exactamente el mismo baile que estaban contemplando en una pantalla realizado por otros. Sus neuronas danzaban solas porque ellos ya habían aprendido los pasos y no necesitaban materializarlos con el movimiento de su cuerpo. La conclusión inmediata de este hallazgo la daba uno de los investigadores del grupo británico, Patrick Haggard: “Un bailarín lesionado podría conservar su destreza sin ni siquiera moverse, simplemente mirando a otros bailar”. Obviamente, semejante ventaja es aplicable a otras muchas disciplinas e incluso a la psicoterapia por medio de las visualizaciones o de la práctica mental.
            Pero el sistema de espejo no se detiene en los movimientos, sino que también refleja aspectos más sutiles del comportamiento, como son las emociones. “El mensaje más importante de las neuronas espejo es que demuestran que verdaderamente somos seres sociales. Nos ponen en el lugar del otro, pero no de forma abstracta o intelectual, sino sintiendo como él”, asegura Rizzolatti. Los científicos han constatado que las personas que obtienen una mayor puntuación en los test que miden la empatía presentan mayor actividad en las neuronas espejo. Por otro lado, numerosos experimentos han demostrado que la gente tiene tendencia a imitar de forma inconsciente los movimientos de los desconocidos porque esta especie de empatía motora facilita considerablemente las relaciones y la aceptación mutua. Eso sí, también se ha descubierto que las neuronas espejo no se dejan engañar por pantomimas; cuando se finge, estas inteligentes células ni se inmutan.
            Los múltiples estudios que experimentan con todo tipo de emociones no dejan de confirmar que lo que ocurre en el exterior se vive de igual manera en el interior. Por ejemplo, el asco. El cerebro se enciende del mismo modo cuando un individuo pone delante de su nariz unos huevos podridos que si ve a otra persona haciendo un gesto de repugnancia ante semejante olor. Lo bueno es que con las emociones o sensaciones positivas también funciona.
            En un estudio publicado el año pasado, Christian Keysers, de la Universidad de Groningen (Holanda), pudo constatar que existe lo que se podría denominar empatía por vía tópica, o si se quiere, empatía táctil. La corteza cerebral de un grupo de voluntarios que se prestaron para el experimento reaccionó igual cuando les tocaban suavemente la pierna que cuando veían que la caricia se hacía a otra persona. De hecho, los científicos afirman que el sistema de espejo puede explicar el gusto de algunos por la pornografía porque contemplar una escena tórrida altera las neuronas del mismo modo que protagonizarla. Claro que en este terreno y en el de las caricias hay otros muchos elementos que entran en juego y que no se pueden explicar con el sistema de espejo, así que es aconsejable seguir experimentando en directo.
            Keysers también ha observado que emociones sociales como la culpa, la vergüenza, el orgullo e incluso la humillación se reflejan en las neuronas espejo. Este investigador ha registrado la reacción de empatía de un observador ante el rechazo social. Todas esas emociones asociadas al contacto entre humanos tienen un lugar muy específico en el cerebro. Y lo que realmente convierte el sistema de espejo en el Dalai Lama que mencionaba Ramachandran es que una representación mental de lo que acontece en el mundo es suficiente para que se manifieste su empatía, o sea, que lo de “ojos que no ven, corazón que no siente” parece no ser cierto científicamente.
            «Tenemos un sistema que resuena. El ser humano está concebido para reaccionar ante los otros. El egoísmo, la idea de que cada uno tiene que hacer su vida y no ocuparse del resto son aspectos de la vida moderna. La naturaleza es justo lo contrario. Yo creo que cuando la gente dice que no es feliz y que no sabe la razón, es porque no tiene contacto social», dice Rizzolatti. Eso sí, tal como afirma Marco Iacoboni, otro experto en esta área de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA): “Sin la consciencia de uno mismo y del otro no es posible ponerse en el lugar del otro”.
            Las neuronas espejo están también estrechamente relacionadas con la educación y la cultura. La imitación es un elemento clave para el aprendizaje, y es precisamente el sistema de espejo el que permite imitar. “En Occidente, la imitación está muy mal vista, pero es la base de la cultura. Se dice: “No imites, tienes que ser original”. Es un error. Primero tienes que imitar, y después puedes ser original”, dice Rizzolatti. Desde el momento en que abandonamos el útero estamos en disposición de repetir lo que vemos en el entorno, se ha observado que bebés de tan sólo unos minutos de vida son capaces de sacar la lengua a un adulto que les está haciendo ese gesto.
            Parece que las neuronas espejo aportan una parte más de verdad al dicho “de tal palo, tal astilla” y añaden otra dosis de responsabilidad a los padres y educadores, que podrán verse reflejados en las generaciones que los siguen por la huella dejada en sus neuronas. En este sentido, los científicos hacen una interesante observación relativa a la exposición a escenas de violencia, bien en directo o en una pantalla. “El sistema de espejo puede activarse en el cerebro y facilitar la tendencia a volverse violento”, explica Iacoboni. Este hecho, unido a que algunos expertos afirman que estas neuronas son la base biológica de la cultura porque gracias a ellas se transmite de una generación a las siguientes, invita, cuando menos, a la reflexión sobre la herencia cultural y emocional. Y un dato a considerar, un trabajo publicado el año pasado sugería que a partir de los 15 meses los niños son capaces de detectar las acciones de los demás que están basadas en falsas creencias. “Nacemos con ciertas capacidades, pero la educación es muy importante. La sociedad refuerza los instintos básicos o va en contra de ellos”, afirma Rizzolatti.
            Y puesto que el sistema de espejo parece ser el testigo del presente en su camino hacia el futuro, es de suponer que también almacene el recorrido del pasado a modo de un ADN neuronal que porta la herencia cultural. “La aparición de un sofisticado sistema de espejo estableció las bases para la emergencia, en los primeros homínidos, de numerosas habilidades específicamente humanas tales como el lenguaje y la empatía”, asegura Ramachandran. De este modo, las innovaciones surgidas entre nuestros ancestros no se perdieron como peculiaridades exclusivas de un individuo que había logrado construir un raro utensilio que cortaba, sino que gracias a la imitación se fueron propagando entre los miembros del clan. Y de las herramientas a las construcciones, y del lenguaje a los sistemas filosóficos, y todavía no hemos terminado.
            Quizá una de las habilidades más llamativas de las neuronas espejo sea la de leer el pensamiento y anticipar el futuro. “Permiten leer la mente de los otros porque te ayudan a entender sus intenciones”, explica Iacoboni, líder del equipo que hizo el descubrimiento. De hecho, lo que parecen realmente activar estas células no es la acción en sí, sino su objetivo. Todo esto ocurre de forma inconsciente, no es necesario ningún esfuerzo, nuestro cerebro interpreta y responde a las intenciones sin que nos demos cuenta. “No pensamos lo que otra persona está haciendo o sintiendo, simplemente lo sabemos”, dice Vittorio Gallese, de la Universidad de Parma. Este baile de percepciones en el complejo entramado de relaciones sociales es el que aporta la gama de colores a los contactos entre individuos. Desde un punto de vista más básico también permite sobrevivir, porque no es lo mismo que el vecino de enfrente levante la mano para saludar que para golpear. Al igual que ocurre con la empatía, también en este caso hay personas con mejores antenas que otras para captar a los demás, presumiblemente su sistema de espejo es más activo.
            Una cuestión muy interesante relativa a la percepción de emociones y sensaciones es su relación con un estado corporal determinado. Antonio Damasio, prestigioso neurólogo que recibió el Premio Príncipe de Asturias 2005, lleva años trabajando en la Universidad de Iowa sobre la conexión entre mente y cuerpo. Para Damasio, el cerebro es una extensión del cuerpo, y hay una clara consonancia entre los sentimientos, las emociones y el estado físico.
            De forma sencilla, se podría decir que a cada emoción le corresponde un estado físico. En consecuencia, la empatía no es sólo un proceso mental, sino que implica a todo el cuerpo. Los espejos cerebrales captan lo que ocurre en el exterior, lo integran en sus redes y a continuación las emociones descienden desde las alturas neuronales como si de una ducha sensorial se tratara para encarnarse en el cuerpo. “Esto es realmente tener empatía. Por medio de un estado neural compartido en dos cuerpos diferentes […], el otro objeto se convierte en otro yo”, escribía Gallese en un artículo.
            La relación cuerpo y mente-emociones es algo muy presente desde hace mucho tiempo en las denominadas medicinas complementarias. Ahora, los científicos aseguran que semejante relación abre importantes perspectivas en el área de la psicoterapia. Donde ya está clara la implicación de las neuronas espejo es en el autismo. Numerosos trabajos indican que los individuos que padecen este trastorno, caracterizado precisamente por la incapacidad para comprender las acciones y las emociones de los demás, presentan una actividad anormalmente reducida del sistema de espejo. Disolver las barreras entre el individuo y lo que lo rodea es, según Ramachandran, la base de muchos sistemas éticos y, particularmente, de las grandes tradiciones místicas orientales.
            El sistema de espejo hace precisamente eso; por tanto, “puede usarse para proporcionar una base racional en vez de religiosa para la ética”. Y esto es sólo el principio de lo que se puede extraer de las neuronas espejo, porque se han convertido en el centro de interés de neurocientíficos, psicólogos, filósofos y antropólogos, sumergidos en un intenso debate sobre las implicaciones en numerosas áreas del conocimiento. En cualquier caso, lo que ya es evidente es que no hay excusa para no mostrar empatía y comprensión, todo el mundo lleva un Dalai Lama en su cabeza.

Giacomo Rizzolatti: ´Nuestra cultura se basa en la imitación´
            Nuestra condición de seres sociales ha contribuido a modelar el cerebro humano de una forma decisiva. Buena parte de lo que nos singulariza respecto al resto del reino animal procede de la interacción con los demás, que ha dejado un rastro neurológico crecientemente visible a través de los progresos en el conocimiento del cerebro. Y uno de los que más han contribuido a poner en evidencia la base neural de esos resortes sociales es el neurofisiólogo Giacomo Rizzolatti, codescubridor de las neuronas espejo, las que nos permiten ponernos en lugar del otro. Rizzolatti -premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica del año 2011, junto a los también neurobiólogos Joseph Altman y Arturo Álvarez-Buylla- defiende la importancia de algo tan, en apariencia, desacreditado como la imitación y la sitúa en el centro de nuestra cultura. "La imitación es buena. Los niños deberían aprender a imitar", propone.
-¿Las neuronas espejo son un elemento crucial para la interacción humana?
            -Podemos comprender a las personas de dos maneras bastante complicadas. Por un lado, de una forma lógica y, de otro, de forma inmediata. Si cojo una copa de agua, el que me observa comprende lo que hago a partir de los movimientos, que sería la manera lógica de entender esa acción. La forma comprensión inmediata consiste en que al percibir esa acción el observador dice 'va a beber' o 'va a mover la copa de sitio'. En lo emocional ocurre lo mismo. Si vemos a una persona llorando, comprendes que pasa algo, igual que interpretamos un emoticono. Lo que nosotros hemos hecho es poner en evidencia que esta manera inmediata de comprender a la gente tiene una base neurológica. Hay neuronas que descargan directamente cuando el sujeto hace algo o cuando ve a otro hacerlo, y en ambos casos tienes el mismo programa motriz.
-Desde una perspectiva evolutiva y considerando que una parte importante de nuestro desarrollo cerebral está vinculado a la socialización, ¿podemos decir que esas neuronas están en la base de la evolución humana?
            -Sabemos que los monos tienen este tipo de neuronas, sabemos que se comprenden, aunque desconocemos cómo establecen empatía entre ellos. No sabemos nada sobre este asunto en los roedores, pero sí sobre las aves, que tienen un centro para producir el canto y la misma neurona implicada en esa emisión sirve para entender el canto de otra ave. No es un sistema empático, pero sí de comprensión. En el caso de los seres humanos hay un mayor grado de empatía que en cualquiera de las otras especies, somos criaturas más sociales.
-La carencia de empatía que se da en ciertas patologías ¿puede guardar alguna relación con deficiencias en esas neuronas?
            -Eso es más complejo. En primer lugar, salvo psicópatas muy severos, todos tenemos esa reacción de empatía, algo que puede mejorar si se vive en un entorno que considera importantes ciertos valores sociales o puede disminuir si se incentiva el egoísmo o se enfatiza demasiado el éxito individual y no la persona como integrante de un grupo social. Hay quienes, por su trabajo, tienen que ser 'no empáticos', como policías o miembros de las fuerzas especiales. También los cirujanos, que no pueden llorar cuando están operando. A veces es importante también refrenar el sistema de empatía. Respecto a las personas que tienen empatía cero, ahí hay una patología, que les impide comprender las consecuencias de sus acciones, están seguros de que nunca les van a castigar, no tienen miedos... Es una patología más compleja, pero decir que no tienen neuronas espejo sería una equivocación, porque hay psicópatas que disfrutan con sus actos criminales y ese disfrute se deriva de comprender que el otro está sufriendo.
-¿Cómo operan las neuronas espejo?
            -Es un mecanismo bastante sencillo. Si tienes capacidad para hacer determinadas cosas y observas a una persona que está haciendo lo mismo, las neuronas espejo activan ciertos mecanismos motrices. Entiendes lo que está haciendo el otro porque tú también lo estás haciendo.
-¿Mentalmente?
            -Sí, neurológicamente. Al principio hubo quien interpretaba estas neuronas como algo mágico, que se descargaba una y ya está. Sabemos que hay todo un patrón de actividad ligado a ellas.
-Usted sostiene incluso que las neuronas espejo podrían estar en la base de nuestro lenguaje.
            -Estoy convencido de que es así, como sostengo en la teoría elaborada junto con Michael Arbib (director del Proyecto Cerebro de la Universidad Southern California). Sobre el origen del habla hay quienes piensan que tiene su origen en los sonidos de los animales, y otros que defienden una procedencia gestual. Pero las zonas neurales que controlan los sonidos de los animales no se corresponden con nuestro centro del lenguaje y están relacionados con las emociones. La cuestión es que no tenemos una comprensión inmediata del lenguaje, el consenso entre hablantes sobre lo que significa una palabra es complejo y, en cambio, hay sonidos muy ligados a determinadas acciones. Pero esto es un asunto muy polémico, aunque estoy convencido de que tenemos razón en nuestra teoría, que consiste en sostener que la estructura precursora de lo que es el área de Broca, el centro cerebral del lenguaje, contaba con un sistema para reconocer las acciones de los demás. Esa capacidad de interpretar las acciones permitió el desarrollo del lenguaje, que, en un primer, momento, consistiría en una comunicación con gestos de la boca y la cara.
-¿La neurociencia es todavía un ámbito de conocimiento muy abierto, en el que cuesta asentar ciertas bases?  
            -En la Academia de Ciencias de Francia estaba prohibida la controversia sobre el origen del lenguaje. La neurociencia no ha chocado con problemas fuertes respecto a esto, pero entre los psicólogos sí, porque hay un fuerte reduccionismo que provoca que la ciencia derive en ideología. En los últimos veinte o treinta años se ha producido un cambio de paradigma. Ahora tenemos un montón de estudios cerebrales y de imágenes que sustentan teorías que para la psicología ya no resulta fácil desechar.
-Las neuronas espejo son responsables de la imitación y de la comprensión de las acciones. ¿Qué papel juega la imitación en nuestro aprendizaje?  
            -Un tremendo papel. Aunque la imitación parece denigrante, resulta muy buena para nuestra cultura. Si inventas algo y yo puedo imitarlo, permanecerá en la sociedad. Si eso no es posible, desaparecerá. Nuestra cultura se basa en una serie de imitaciones, empezando por el paradigma experimental de la ciencia, que implica que todo experimento ha de ser reproducible para que tenga validez científica. La industrialización conlleva un alto grado de imitación, ahora todo el mundo copia a todo el mundo, sean coches u ordenadores. Los niños deberían aprender a imitar. La imitación es buena.
-¿Se refiere a una imitación inconsciente o deliberada?  
            -Para imitar bien hay que pensar. La imitación inconsciente puede llevar a imitar cosas que carezcan de sentido. La teoría del gen egoísta de Dawkins sostiene que el principal cometido de los genes es copiarse a sí mismos, algo que puede parecer un poco tonto.
-¿Y esas similitudes en el comportamiento gestual que a veces se dan entre padres e hijos o entre personas que conviven estrechamente responden a alguna imitación inconsciente?
            -Es un sistema de estabilidad que contribuye a crear vínculos de ayuda entre los miembros de un grupo.
-Un mundo en el que el contacto interpersonal es quizá más estrecho y continuado que nunca, a través de una amplia tecnología, pero cada vez menos cara a cara, ¿altera de alguna manera esas respuestas neurológicas?
            -Veo un peligro en eso. La comunicación con el cuerpo, el gesto, el tocar es mucho más natural y estableces vínculos más fuertes. Lo otro es más frío y no está en la base biológica de nuestra evolución. Ocurre con el teléfono. Es impresionante ver a dos novios hablando por teléfono cuando uno está casi al lado del otro. ¿Qué vínculo se crea así?
-A partir del conocimiento que tenemos de cómo se desarrolla esta interacción humana, de sus bases neurológicas, ¿cabe algún entrenamiento de esas capacidades?
-Aquí estoy un poco perdido. Estoy seguro de que podemos mejorar el sistema motriz y comprender el comportamiento social. Pero la emoción que acompaña a esa acción no sé cómo se hace. Quizás el arte pueda servir para eso, porque descansa sobre las mismas bases que las emociones. Pero esto es una especulación, no una teoría elaborada, aunque avanzar en ello quizá suponga avanzar en la empatía.
-La emoción podría considerarse un descubrimiento reciente en la neurofisiología. Antes parecía algo inmanejable para la ciencia. Ahora sabemos que tiene más peso del que creíamos en nuestro aparente comportamiento racional.
            -Nuestras decisiones tienen la misma probabilidad de éxito si se sustentan sobre una base racional que si lo hacen sobre una base emocional. Al menos eso sostiene cierto premio Nobel de Economía. Las emociones tienen una función tremenda en nuestras decisiones, aunque existe la tendencia a prevenir determinados comportamientos que se sustentan en ellas diciendo cosas como 'eres demasiado emocional'.

La curiosidad caracteriza al neurobiólogo italiano Giacomo Rizzolatti, que se interesó por lo que albergaba originalmente el Hotel La Reconquista, en Oviedo, y su patio interior, y se sorprendió cuando supo que el edificio se concibió como un hospicio. El padre de las neuronas espejo irradia pasión, amor por lo que hace y también interés por divulgar.
¿Estamos en una sociedad que actúa básicamente por imitación?
            No creo, pero depende de lo que se entienda por imitación. Por ejemplo, en las escuelas no permiten que los alumnos imiten, prefieren que sean creativos. Aun así, la imitación está en todas partes.
¿Cree que en el proceso de aprendizaje tiene más importancia la práctica que la teoría?
            Se aprende de ambas formas. Creo que lo interesante de las neuronas espejo no son las imitaciones. Es la capacidad de comprender a la gente de forma automática, empática y emocional.
¿Se pueden fomentar el uso de las neuronas espejo como técnica pedagógica?
            Hasta la fecha se ha utilizado sólo en estudios preliminares. Los pacientes de un ictus, por ejemplo, ven a alguien llevar algo a cabo y también lo hacen y, así, se pueden recuperar antes.
¿El ser humano recurre a la imitación toda la vida o es más fácil para los niños?
            Aunque no somos máquinas de imitación, es algo importante, primordial en la infancia, pero también en la edad adulta. En un estudio reciente se demostró que se aprende a bailar mejor con el sistema de espejo. Los que lo usan, tienen esas neuronas más desarrolladas.
La falta de neuronas espejo explica el autismo…
            En este tema hay que ir con mucha cautela. Los hay que exageran. El autismo no es sólo un sistema de neuronas espejo estropeado. Es más complejo. En mi opinión, es un problema del sistema motriz. Por eso sabremos más cuando la enfermedad se detecte en el primer año de vida del niño cuando no esté desarrollada la movilidad, que es hacia donde van encaminadas las investigaciones.
¿El ser humano es empático por naturaleza?
            Hemos descubierto que todo el mundo tiene el mecanismo de la empatía, excepto algunas personas muy concretas. Es lo que nos pone en contacto con todos, en primer lugar con la madre. Ahora la clave está en qué hacer con este enlace.


Giacomo Rizzolatti, neurobiólogo. En 1996 provocó una convulsión en la ciencia al descubrir las neuronas espejo, responsables de que sepamos entender qué sienten los otros


            No los vemos ni los tocamos, pero ahí están. Son espejos en nuestros cerebros, neuronas que reflejan la actividad de los otros y que explican la empatía, la imitación, el legado cultural. Forman un sistema que permite que sintamos lo que sienten los demás.
Fue el neurobiólogo italiano Giacomo Rizzolatti quien, al frente de su equipo de la Universidad de Parma (Italia) descubrió por casualidad en 1996 las llamadas neuronas espejo en los monos. Estaban investigando una zona de la corteza cerebral de los macacos vinculada al movimiento. Para comprobar la dinámica neuronal, los primates estaban monitorizados constantemente por medio de unos electrodos adheridos a sus cabezas. Cuando los monos se movían o agarraban algún objeto, unas se activaban.
            La traducción era un pico en el registro. Pero el chasquido se repitió –y eso es lo que ni Rizzolatti ni sus colegas esperaban– cuando los animales veían hacerlo a otros primates, o incluso a los investigadores. Había, pues, actividad neuronal cuando los macacos se comían un plátano y también cuando observaban a otros llevárselo a la boca. Era lo mismo para su cerebro.

          Si hay base bioquímica en el sistema espejo, valdrían hormonas para curar enfermedades
            El sistema espejo existe en los humanos, aunque es más complejo. Nos emocionamos al ver a unos amigos tener un hijo, sufrimos si alguien pierde a un ser querido, interiorizamos la tensión del héroe en peligro de la película. Empatizamos, les entendemos. Aprendemos. Imitamos. Las neuronas espejo explicarían por qué somos seres sociales en contacto con los otros, cómo cambia el lenguaje o cuál es la raíz del autismo. Y esto sólo es el comienzo. Rizzolatti se entusiasma relatando las hondas implicaciones de su descubrimiento. Vivaracho, habló la semana pasada en El Escorial sobre su hallazgo en los cursos de verano de la Universidad Complutense.
En 2000, el neurólogo Vilayanur Ramachandran predijo que su descubrimiento “hará tanto por la psicología como el ADN por la biología”. Usted siempre ha sido más prudente. Vistos los avances, ¿está ya convencido del salto?
            Fue muy halagador. Pero es cierto el enorme impacto en la neurobiología. Nos han citado más de mil veces, se abren nuevas vías de investigación. La traducción del sistema espejo es simple: participamos en la vida de los otros, sentimos y entendemos lo que sienten y entienden los otros.
En otras palabras, sabemos ponernos en la piel de cualquiera. Sí, con un matiz. Cuando decimos eso, nos referimos a un proceso cognitivo: me quiero poner en la piel de alguien. Sin embargo, las neuronas espejo nos hacen imitar al otro de forma automática, sin pensarlo. ¿Qué perspectivas se abren hoy?
            Muchas. Unos estudian su relación con la esquizofrenia, que podría ser una desregulación del sistema espejo. Otros, si existe en otros animales, además de en primates y humanos. Ya se ha descubierto en pájaros cantores, y si se diera en roedores, nos permitiría manipularlos, ensayar. Si hubiera base bioquímica en las neuronas espejo, se podrían utilizar hormonas u otras sustancias para curar enfermedades en humanos.

Los autistas no sienten nada dentro de sí mismos, no comprenden el porqué de las acciones de los otros
Sería el caso del autismo, ¿no?
            Los niños autistas no sienten nada dentro de ellos mismos, no comprenden el porqué de las acciones de los otros. Por eso se aíslan. Sus sistemas espejo están deteriorados. De ahí que haya que abordar el autismo desde la motricidad, buscando cómo encender sus espejos.
Hay un paso increíble en los humanos: leemos las intenciones de los demás, algo íntimo.
            Sí, hoy podemos afirmar que entendemos las que son básicas, las emocionales y las motoras. De las intenciones más complejas, cognitivas... no tenemos pruebas aún.
¿Cuándo comienza la imitación?
            A los pocos minutos de nacer, los bebés ya pueden sacar la lengua a un adulto que les lance ese gesto. Los niños desarrollan sus sistema espejo al tiempo que su sistema motor
Si aprendemos la empatía desde críos, ¿cómo explicar la actitud de asesinos o violadores?
            Suele haber una confusión. El sistema espejo hace que entiendas qué sienten los demás. Somos empáticos por naturaleza, pero el individuo y la sociedad pueden controlarlo. Un policía está entrenado para ser duro con el delincuente; un cirujano, para abrir en canal a alguien.
¿Y la creatividad? ¿La historia se reduce a la mera imitación?
            Copiar es la base de nuestro aprendizaje, gracias al sistema espejo. Sin imitación no habría cultura. Es más, somos grandes imitadores, no como los monos. Hacemos como los viejos pintores: iban al taller, la bottega del artista, aprendían y luego desarrollaban su estilo. ¡Veamos los primeros cuadros de Picasso! Una vez interiorizado, mejoramos, inventamos. Ahí llega la originalidad.




jueves, 29 de agosto de 2019

LA TEOLOGÍA DE LA PARADOJA


LA TEOLOGÍA DE LA PARADOJA

“Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios” (Mt 19, 25-26).
“Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor 11,10)

El arte de acompañar a la gente en el camino espiritual es un arte ‘mayéutico’, “de comadrona”, así llamaba Sócrates a su ‘cura de almas’, a su método de hacer que el alumno llegue personalmente a la verdad ayudado por las preguntas del acompañante, inspirándose para acuñar el término en el oficio de partera de su madre; es preciso ayudar a la persona concreta, sin ninguna manipulación, para que en su situación singular encuentre su camino, madurando hasta dar a luz una solución sobre la que sea capaz de asumir la responsabilidad. “La Ley es clara”, pero la vida es compleja y ambigua; a veces la verdadera respuesta es el valor y la paciencia de ‘perseverar en la pregunta’.
Sobre el tema de los acontecimientos pascuales cada cristiano ha escuchado muchísimas reflexiones y homilías, pero ¿se ha convertido realmente la Pascua en la auténtica clave que nos abre la comprensión de nuestra vida y de la situación actual de la Iglesia? Solemos evocar bajo el concepto de ‘cruz’ más bien nuestras dificultades personales, como la vejez o la enfermedad; sin embargo, la idea de que ‘también en nosotros, en la Iglesia, en nuestra fe, en nuestras seguridades tiene que “morir” mucho, que ser crucificado, para abrirle espacio al Resucitado’ es para muchos de nosotros los cristianos, me temo, completamente lejana.
Si confesamos “la fe pascual, en cuyo centro está la paradoja de la victoria por medio de la absurda derrota”, ¿por qué tenemos tanto miedo a las propias derrotas, incluyendo la demostrable debilidad del cristianismo en el mundo actual? ¿No nos habla Dios a través de estos hechos, de modo similar a como habló mediante el relato que rememoramos al leer el Evangelio pascual?
Sí, cierta forma de religión, a la que nos habíamos habituado, está muriendo, es verdad. Las épocas de crisis y las épocas de renovación son parte de la historia de las religiones y de la historia del cristianismo; sólo está realmente muerta una religión que no atraviesa cambios, que se ha salido de ese ritmo de la vida. 
Los Evangelios comienzan a ser ‘evangelio’, buena noticia (euangelion), anuncio liberador de la salvación, ‘con el anuncio de la resurrección’: de aquello que hasta entonces hasta a los mismos discípulos les parecía increíble. No es de extrañar: es, desde luego, “imposible”, al menos en el sentido de que algo así no reside ni en las posibilidades de la capacidad humana ni en el entendimiento del ser humano, de que es algo radicalmente distinto a todo lo que conocemos por experiencia nosotros o cualquier persona. Y es que la resurrección de Jesús no es, en el sentido bíblico y teológico, la “vivificación de un cadáver”: resucitación, vuelta al estado original, a este mundo y a esta vida que terminará de nuevo con la muerte; a los autores neotestamentarios, y en especial a Pablo, les importa que no confundamos estas cosas. La “resurrección de Cristo” no es ningún otro ‘milagro’ de la serie de prodigios a los que ya está acostumbrado cada lector de la Biblia; con este concepto (si lo prefieren, imagen, metáfora..., pues cada discurso sobre Dios depende de imágenes y metáforas) quiere decirse ‘mucho más’. Por eso este anuncio -el evangelio de la Resurrección- exige de nosotros una respuesta mucho más radical que simplemente el formarnos una determinada opinión sobre lo que pasó con el cadáver de Jesús; es necesario ante todo hacer algo con nuestra propia vida: también nosotros hemos de experimentar una profunda transformación, en palabra de Pablo “morir con Cristo y resucitar de nuevo de entre los muertos”. La fe en la resurrección incluye el valor de “cargar con la cruz” y la decisión de “vivir en una vida nueva”; sólo entonces, si el acontecimiento del que habla el relato pascual transforma nuestra existencia, se convierte para nosotros en ‘evangelio’, en palabra “llena de vida y fuerza”.
Es posible leer el relato de la Pascua de dos modos absolutamente diferentes. Bien como ‘drama en dos actos’, en cuyo primer acto un hombre justo e inocente es condenado y ejecutado, siendo en el siguiente, el segundo, resucitado y aceptado por Dios. O como un drama en un acto, en el que ambas versiones del relato se desarrollan simultáneamente.
Esa primera lectura significa que la “resurrección” es un ‘final feliz’ y entonces todo el relato es un típico mito o un cuento optimista que acaba bien. Semejante relato puedo escucharlo y pensar que más o menos así habrá sido (algo que la gente confunde con la “fe”), o juzgar que no debió ser así, que aquello no pasó de esa manera… o no pasó en absoluto (y esto lo confunden con la “falta de fe”).
Sin embargo, sólo la segunda lectura, la “paralela”, es lectura ‘con los ojos de la fe’. Fe significa aquí por supuesto dos cosas: por una parte, la ‘comprensión de que se trata de una paradoja’ (de que esa segunda capa del relato, la “resurrección”, es la ‘reinterpretación’ de la primera, no su feliz desenlace posterior), y, por otra parte, ‘la decisión de unir este relato con el relato de la propia vida’. Esto significa “entrar en el relato”: y a su luz entender de nuevo y vivir de forma nueva la propia vida, ser capaz de cargar con su carácter paradójico, no tener miedo de las paradojas que trae la vida.
En esta segunda forma de lectura del mensaje del relato pascual no hay “optimismo” (‘opinión’ de que todo acabará bien, de algún modo), sino ‘esperanza’: capacidad de “reinterpretar” hasta lo que no termina bien (pues toda la vida humana puede ser vista como una “enfermedad incurable, que termina necesariamente con la muerte”), para poder aceptar la realidad y su carga y perseverar en esa situación, aguantar, y, si es posible, ser, además, útil a los demás.
En nuestra proclamación del anuncio de la resurrección “no puede quedar silenciado el grito del Crucificado”, pues, si no, en lugar de la teología cristiana de la resurrección ofrecemos un banal “mito de la victoria”.
La fe en la Resurrección no debe trivializar lo trágico de la vida humana, no nos posibilita zafarnos de la carga del misterio (incluido el misterio del sufrimiento y de la muerte), no tomar en serio a los que luchan con dificultad por mantener la esperanza, a los que soportan “la fatiga y el calor del día” de los desiertos exteriores e interiores de nuestro mundo.
…///…
Uno de los amigos fieles y discípulos de Sigmund Freud, el teólogo protestante Oskar Pfister, respondió a su maestro a la pregunta de si, como cristiano creyente, podía ser tolerante con respecto a su ateísmo: “Si considero que usted es mucho mejor que su falta de fe y yo mucho peor de lo que mi fe exige, juzgo que la diferencia entre nosotros al fin y al cabo no es tan grande, y no veo motivo por el que no pudiéramos tolerarnos”.

(Tomáš Halík)