EN EL MANANTIAL

EN EL MANANTIAL
SAN FRANCISCO Y EL LOBO...

miércoles, 30 de septiembre de 2015

VENTANAS QUE DAN A DIOS...



Se va haciendo ya un lugar común que el dicho atribuido a Ignacio de Loyola -"Confía en Dios como si todo dependiera de Él, y esfuérzate como si todo dependiera de ti"- no sólo no es de él, sino que incluso no reflejaría correctamente su pensamiento. Y que, sin ser tampoco suyo, sería más  bien este otro el que lo revelaría más exactamente: "Confía en Dios como si todo dependiera de ti, y esfuérzate como si todo dependiera de Dios".
En Ignacio es justamente su experiencia de Dios, en la que fe y fidelidad creciente se dan la mano, la que enciende los motores de su actividad en favor de su reino: confía en Dios con tal tipo de confianza que provoque lo mejor de ti en favor de su reino.
Al mismo tiempo su empeño humano lo vive no como un nuevo Prometeo, sino como don recibido de "arriba": esfuérzate como si todo dependiera de Dios. Un Dios, por otra parte, al que Ignacio experimenta y describe siempre como "Dios siempre mayor" y al que responde, consiguientemente, con un siempre inacabado más. (Teilhard de Chardin)

lunes, 28 de septiembre de 2015

VENTANA HIPERBÓREA



VENTANA HIPERBÓREA
La pregunta por las "fuentes de nuestro yo" parece ser una ventana que da a Dios: bastará con que nos demos cuenta de que nuestra existencia está precedida de un Amor y una Llamada que la fundamentan. Es cierto que la cultura moderna no tiene demasiado interés en descubrir esta ventana, y menos aún en abrirla. De ahí que nos sea necesario descender frecuentemente a ella, en un ejercicio de contemplación espiritual, y abrirla a la contemplación de Dios que aparece tras ella y nos llena de su luz.
Descendiendo:
a) Nacemos de unos padres, y durante los primeros años crecemos apoyados en ellos. Más tarde, el descubrimiento de los propios poderes nos ayuda eficazmente a dinamizar nuestro yo. A veces también la experiencia de los fracasos... Pero vivir durante muchos años apoyados ahí, en nuestros éxitos o en nuestros fracasos, puede resultar fatal. Cansa mucho y quita el gozo de vivir.
¿Dónde fundamento mi yo? ¿De quién me recibo cuando soy ya adulto: de mis poderes, de mis frustraciones, de mi pecado, de Dios que me amó y me llamó? ¿He descubierto y aceptado ese "éxodo permanente" en las bases de mi yo (¡sal de tu tierra y ve a la tierra que yo te daré!) que los maestros espirituales llaman "segunda conversión"?
b) "Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón", decía Jesús con toda verdad. "Una espina saca otra espina", "una pasión echa fuera otra pasión"...
¿Cuál es mi tesoro encontrado, mi pasión? ¿Qué me totaliza y hacia qué vivo? ¿Tengo alguna experiencia personal de la parábola del tesoro encontrado y de la alegría movilizadora que ese encuentro produce? ¿De qué vive mi fe: de una moral o de un Encuentro?
c) Recibirme de Dios y consagrarme a su Reino al modo de Jesús: he aquí la experiencia unificadora y fundante de la fe cristiana. ¿Es ese también mi Principio y Fundamento, aquello de  lo que vivo y lo que dinamiza mi búsqueda, siempre inacabada pero dichosa, del Señor y su Evangelio? (VQDAD,JAG,SJ)
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domingo, 20 de septiembre de 2015

MANTIS RELIGIOSA...Iº






CABEZA DE INSECTO... que anunciaba una exposición universal de insectos... Me sucedió  como a E.M. Ciorán, al pretender entrar, me detuve en  la puerta y me di media  vuelta... ¡No estaba en condiciones de admirar!

domingo, 13 de septiembre de 2015

LAKSHMI RETRASA SU RESPUESTA




LAKSHMI RETRASA SU RESPUESTA...

No es bueno que nuestras oraciones sean escuchadas si no lo son en su debido momento:

En la antigua India se concedía mucha importancia a los ritos védicos, de los que se decía que funcionaban tan "científicamente" que, cuando los sabios pedían la lluvia, jamás se producía una sequía. Así es que, conforme a dichos ritos, un hombre se puso a rezarle a Lakshmi, la diosa de la abundancia, para que le hiciera rico.
Estuvo orando sin éxito durante diez largos años, al cabo de los cuales comprendió de pronto la naturaleza ilusoria de la riqueza y abrazó una vida de renuncia en el Himalaya.
Un buen día, mientras se hallaba sentado y entregado a la meditación, abrió sus ojos y vio ante sí a una mujer extraordinariamente hermosa, tan radiante y resplandeciente como si fuera de oro.
«¿Quién eres tú  y qué haces aquí?», le preguntó.
«Soy la diosa Lakshmi, a la que has estado rezando himnos durante doce años», le respondió la mujer, «y he decidido aparecerme a ti para concederte tu deseo».
«¡Ah, mi querida diosa!» exclamó el hombre, «ahora ya he adquirido la dicha de la meditación y he perdido el deseo de las riquezas. Llegas demasiado tarde... Pero dime, ¿por qué has tardado tanto en venir?».
«Para serte sincera», respondió la diosa, «dada la fidelidad con que realizabas aquellos ritos, habrías acabado consiguiendo la riqueza, sin duda alguna. Pero, como te amaba y sólo deseaba tu bienestar, me resistí a concedértelo».

Si pudieras elegir, ¿qué elegirías: que se te concediera lo que pides o la gracia de vivir en paz, aunque no la hubieras pedido?...
 (ADM; LODLR)

DIVINA ESENCIA