EN EL MANANTIAL

EN EL MANANTIAL
SAN FRANCISCO Y EL LOBO...

jueves, 5 de febrero de 2015

...SI ME AMAS, NO LLORES...





...ENCONTRADO EN UNA PAPELERA, Y RETOCADO...

...SI ME AMAS, NO LLORES...
Lo que llevamos en el corazón no muere nunca.
La muerte no es nada.
Solamente he pasado al otro lado.
Seguimos siendo los mismos. Yo soy yo. Tú eres tú.
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me has dado, porque yo seguiré llamándote por el tuyo.
Háblame como lo has hecho siempre, porque lo seguiré haciendo del mismo modo...
¿Es posible que no me escuches?
No uses un tono solemne ni triste.
Continúa riéndote de lo que nos hacía reír juntos.
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre,
sin énfasis de ninguna clase, sin huella de sombra.
La vida significa siempre lo que siempre ha significado.
es lo que siempre ha sido.
El hilo no se ha cortado, ¿no lo sientes?
¿Por qué iba yo a estar fuera de tu pensamiento?
¿Simplemente porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos. Estoy mucho más cerca de lo que crees...
Estoy justo a otro lado del camino.
¿Ves? Todo está bien.
Si me amas, no llores.
¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!
¡Si pudieras desde ahí oír el canto de los ángeles
y verme en medio de ellos!
¡Si pudieras contemplar con tus ojos los horizontes
y campos eternos, los nuevos senderos por los que ando!
¡Si un instante pudieras contemplar como yo la Belleza
delante de la cual toda belleza palidece!
Tú me has visto y me has amado
en el país de las realidades mudables, -donde creíamos saber...¡y sentíamos!-...
¿no podrías volver a verme ni seguir amándome
en el país de las realidades inmutables?.. -donde sencillamente somos-... ¿sencillamente?...
Créeme. Cuando la muerte venga a romper los lazos,
como ha roto los míos...,
cuando un día, que sólo Dios conoce,
vengas al Cielo, donde te he precedido.., -¡y que tantas veces recibimos en la tierra!-...
ese día volverás a ver a aquél que te amaba y sigue amándote;
volverás a encontrar su corazón y las ternuras purificadas.
Enjuga tus lágrimas y no llores, si me amas.
                                              

M. PROUST Y LA NEGACIÓN DEL ATEO