jueves, 16 de julio de 2020
domingo, 12 de julio de 2020
LA VISITACIÓN, Lc 1, 39-45
LA VISITACIÓN
Evangelio según san Lucas 1,39-45
En aquellos días se levantó María y se fue con
prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de
Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de
María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó lleva de espíritu
Santo; y exclamando con gran voz, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito
el fruto de tu seno; y ¡de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?
Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en
mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirán las cosas que le fueron
dichas de parte del Señor!
jueves, 30 de abril de 2020
VIOLACIÓN Y ABORTO
VIOLACIÓN
Y ABORTO
«¿Acaso olvida una mujer
a su niño de pecho. Sin comparecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas
llegasen a olvidar, yo no te olvido (Isaías 49,15)».
Abortos en España en 2019
(casi 96.000; unos 20 por violación -ya uno es un verdadero drama-; las cifras son
escandalosas).
«Toda violación conlleva un triple
asesinato: el biológico, por la cosificación que se hace de la persona; el
mental, porque en medio de todo ese terrible drama aparecen los entendidos
aconsejando el asesinato como terapia; y el espiritual que conlleva la
destrucción del alma.
Hay que ser un verdadero hijo de la más
ciega ignorancia para aconsejar que la mejor terapia para superar una violación
es convertir a la madre en asesina. De ese modo, no solo se mancilla el cuerpo
biológico, se consigue también pudrir la mente y, ya metidos en esa espiral de
violencia en la que la mujer se siente presa, espiritualmente consumirá y
destrozará su alma. Gran triunfo para los violadores y los terapeutas, hijos de
la muerte.
Si verdaderamente somos hijos de la luz,
hijos del día, no podemos sino preguntarnos: ¿Podemos crear bien del mal?
O, ¿no tenemos frente al mal otra posibilidad que convertirnos en lo peor? Cristo-Jesús
es el Maestro: no respondió al mal con lo peor, absorbió el mal y lo transformó
en bien.
Creo que lo que Jesús nos
enseña es que, ‘si invertimos nuestra energía en elegir el bien, en vez de fomentar la
energía negativa y en gran parte ilusoria de rechazar lo malo, superaremos el
mal de un modo mucho mejor y no devendremos malos nosotros mismos’. Eso
es exactamente lo que él hace en la cruz, y eso es lo que debe infundirnos
valentía para creer que ello forma parte del núcleo de su mensaje. Es
fundamental que no se nos olvide nunca que "la mejor crítica de lo malo es poner
en práctica algo mejor".
Más que de ninguna otra
forma, así es como Jesús reformó las leyes de la religión y socavó la base de
toda conducta violenta, excluyente y punitiva. Se convirtió en la víctima
perdonadora, a fin de que nosotros dejáramos de ocasionar víctimas. Se
convirtió en el falsamente acusado, para que así ponderáramos con cuidado a quién
acusamos.
La ejecución de Jesús es un juicio
sobre cuán ciegos podemos llegar a ser todos cuando disfrutamos de las ventajas
y los privilegios del poder, sobre la vida de otros más débiles.
El ‘poder malo’ -que siempre conlleva la condena y la muerte-, que ‘siempre’ elimina a sus oponentes, mató
a Jesús. En vida de Jesús, ese ‘poder malo’ era ejercido tanto por el imperio
romano como por los sumos sacerdotes judíos, pero los nombres se pueden cambiar
en cualquier época y cualquier cultura, a veces hasta por los propios.
Si la madre acepta convertirse en
poderosa-asesina creyendo que así superará su trauma, caerá en otros mucho
peores, porque habrá aceptado convertirse en víctima a todos los niveles,
alcanzando la peor versión de sí misma. Reconozco que esta es una de esas
situaciones en las “hay que llegar a la curva derrapando”. Hay muchos
matrimonios que desean tener hijos y no pueden conseguirlos naturalmente, por
eso están encantados de poder adoptar.
La decisión, ante lo que no tiene vuelta
atrás, es si preferimos pasar por la vida como un “zombi” -no siendo otra cosa
que sepultureros-, o siendo manantial de vida, pese a todo…
Tras atravesar la línea, viene el trabajo
de ponerles nombre y hablar con ellos, pues no han muerto, están en el Reino de
la Gracia, en Dios, y allí solo se puede amar…, también a su mamá, sobre todo a
ella…».
jueves, 12 de marzo de 2020
EL MAESTRO SUFRIMIENTO
EL MAESTRO SUFRIMIENTO
Con que facilidad nos deja la muerte
sin palabras. De pronto no sabemos qué decir. Vivimos muchas veces fluctuando
entre la luz de Dios y las tinieblas, olvidando que Dios ama la vida en el
fracaso, en lo que nosotros consideramos fracaso, tanto como en el éxito. Nos
cuesta creerlo, pero la vida eterna está aquí. La vida eterna es ahora. Pero
nos da miedo esta evidencia.
No deja de
ser curioso que justamente en aquello que no nos atrevemos a mirar esté Dios
esperándonos, para reconfortarnos y quitarnos todos los miedos, para hacernos
verdaderamente libres.
La
aceptación momentánea de todo tal como es –morir, por ejemplo- vale más que mil
años de piedad. A veces, bastaría con que hiciésemos del tiempo nuestro aliado,
aunque siempre lo es, incluso cuando creemos tenerlo en contra. Para el
cristiano la vida no es un problema que haya que resolver, ni una pregunta que
haya que responder. La vida es un misterio, con un fondo difícil de ver, que a
veces se manifiesta como abismo, quizá de inimaginable miseria, pero en el que
también nos persigue el amor de Dios.
Si
nos atreviésemos a despertar nos daríamos cuenta de que la fuente de todo el sufrimiento
humano es considerar permanente lo que por esencia es pasajero; y se nos olvida que Dios nos ha
propuesto un plan de amor interminable. Que pueda Cristo decir de mí: “Este es mi cuerpo”. Y
Él, que es el camino, la verdad y la vida, nos susurra al oído: Deberías
aprender a contemplar tus pecados para ver que el arrepentimiento alcanza su
plenitud cuando uno consigue agradecer hasta sus propios pecados. Porque hay
puertas a las que sólo podemos llamar para agradecer… En Getsemaní Cristo nos
enseña a pedir “que se haga tu voluntad, no la mía”.
La oscuridad
revela la ardiente belleza de la llama que, abrazada al tronco, lo ilumina y
consume. Para conseguir una auténtica felicidad, hay que liberarla de las
trampas: la principal es quizá la que afirma que sólo se puede ser feliz en los
momentos luminosos de la vida; que en la felicidad nunca caben las lágrimas.
Pero es posible una alegría profunda. Hecha de risas y lágrimas, capaz de
vivirse en los momentos de euforia y de fiesta, pero también en las horas más
oscuras. Es posible un gozo con raíces hondas, que se disfruta en los días
radiantes, pero que no se apaga sin más ante la dificultad y la zozobra. Es
posible la alegría, también de noche, en la noche oscura. Es posible, en fin,
una felicidad liberada de la tiranía de sentirse bien a toda costa.
¿Por qué nos da miedo la muerte? Si al bebé, en la oscuridad del útero materno, se le
dijera que fuera hay un mundo de luz, con altas montañas, grandes mares,
onduladas llanuras, hermosos jardines en flor, arroyos de aguas frescas y
cristalinas, un cielo cuajado de relucientes estrellas y un sol naciente, y tú,
frente a todas estas maravillas, sigues encerrado en esta oscuridad. Igual que
el nonato no sabe nada de estas maravillas, tampoco nosotros
creemos nada de esto, cuando nos enfrentamos a la muerte… por eso tenemos
miedo. Alguien podría decir que la muerte no puede ser luz porque es el final
de todo, pero… ¿Cómo puede ser el final de algo que no tiene principio?
La vida no es algo entre dos vacíos, sino entre dos plenitudes. Así pues, no
podemos estar tristes en esta “noche de bodas” de nuestro matrimonio con la
eternidad.
Es cierto que a veces parecen caer sobre nosotros un conjunto exagerado de
sufrimientos. No lo entendemos, por más vueltas que le demos. Prácticamente
todo el que intenta acercarse a Dios de manera realista, instalar la lógica de
la fe en su vida, ser verdadero discípulo de Cristo, pasa un día u otro por
esta clase de pruebas. No son dolores estándar, sino que están “hechos a la
medida” de cada uno. Sin pasar por aquí no creo que se pueda creer en Dios,
esperar en Dios, amar a Dios desinteresadamente, sin amarse a sí mismo
egoístamente.
En esos momentos no se nos pide ser muy fuertes. No se le
pide al trigo ser fuerte cuando se le muele, sino que deje que el molino lo
haga harina. Es raro que en esos momentos comprendamos qué utilidad puede tener
ese sufrimiento. Sólo tiene la apariencia de una monstruosa contradicción, no
reconocemos la cruz en él. Es solamente después cuando llegamos a comprender
que por ese sufrimiento “llegamos a ser lo que verdaderamente somos”.
Pero, actualmente,
en determinados medios y ambientes, comienza a darse un silencio total con
respecto a Dios. Por una extraña sustitución, la creación ocupa el “espacio”
del Creador. Este silencio parece no alertarnos. Un peligro mayor se acerca a
la Iglesia sin hacer ruido. El peligro de un tiempo, de un mundo en el que Dios
ya no será negado ni combatido, sino excluido, donde será impensable -ninguna
pobreza humana es semejante a esta-. Un mundo en el que querremos gritar su
nombre, pero en el que entonces [nosotros] no podremos lanzar ese grito, porque
ya no tendremos sitio donde poner los pies.
Todo ser humano, independientemente de su ideología política, de su
religión, es primero, ante todo, nuestro hermano de creación. Este estado de ‘hermano’
ordena para nosotros las reacciones tanto lúcidas como severas que podamos
tener cara a él. Pero ni la formación política más eficiente puede destruir a
la persona que Dios ha creado. A ella nos tenemos que dirigir, cualesquiera que
sean las deformaciones o desviaciones que tenga que haber soportado. Su corazón
es un corazón humano, aquel al que Cristo se dirigió y al que quiere hablar a
través de nosotros.
Y si creéis
que no estáis en orden, que no sois del todo dignos, pese a todo, no olvidéis
nunca, nunca, nunca... que las puertas de la misericordia del cielo
-o del corazón de Dios, tanto da- no se cerrarán, aunque no haya ni un justo
sobre la tierra. Aunque nos cueste creerlo, el DON no nos es arrebatado
nunca-jamás…
Por todo, hoy Jesús se acerca a
nosotros como antaño se acercó a la casa de Marta y María y nos pregunta: a la
vista de la muerte que parece matar toda vida y todo amor, “¿Creéis, crees que yo soy la
resurrección y la vida?”
Si creemos, se romperán las ataduras
de la muerte y la vida empezará a ser eterna, pues para eso hemos nacido, para
el eterno amor de Dios…
(M.D. & cía., OFM)
martes, 18 de febrero de 2020
...¿QUIÉN PINTA LA BELLEZA DE DIOS?...
QUIMIOTERAPIA Y ESCATOLOGÍA
A veces me llegan noticias de amigas y amigos que se encuentran
luchando contra el cáncer a través de la quimioterapia, y yo -como antiguo
luchador contra un linfoma ‘NO HODGKIN’ con tres meses de quimioterapia- no
puedo más que mostrarles el cuadro que pinté entonces, una versión del Sembrador
de Van Gogh que había versionado a Millet y la transformación-mutación que hice
de un poema de A. de Foxa, titulado “Melancolía de Desaparecer” y que yo bauticé
como “Alegría… ¿de desaparecer?”…
jueves, 23 de enero de 2020
AMAR
AMAR
«Amar a alguien es tener siempre esperanza
en él. Desde el momento en que comenzamos a juzgar a alguien, limitamos nuestra
confianza en él; desde el momento en que lo identificamos con lo que sabemos de
él y, por tanto, lo reducimos a ello, dejamos de amarlo y él deja de ser capaz
para mejorar. Deberíamos esperarlo todo de todos. Debemos atrevernos a ser amor
en un mundo que no sabe cómo amar».
(Charles de Foucauld)
Sin embargo, nos dice Jesús en el
evangelio según san Mateo 7,6: “No deis lo sagrado a los perros no les
echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen, y además se
vuelvan y os destrocen”. Estamos al final del Sermón del Monte. Los
futuros discípulos pueden sentirse entusiasmados, con ganas de que Jesús
termine de hablar para lanzarse a proclamar su mensaje a todo el mundo,
indiscriminadamente. O, una vez formada la comunidad cristiana, pueden sentirse
inclinados a admitir dentro de ella a cualquier persona. Las palabras de Jesús
suponen un toque de atención.
Ante todo, lo que está en juego no es una
teoría cualquiera, ni un programa religioso o político. Es algo sagrado, un
enorme tesoro que Dios nos concede y ante el que debemos sentir profundo
respeto. Además, no todo el mundo es bueno: hay gente que desprecia el mensaje
del Evangelio y gente que incluso se irrita con él y está dispuesto a destrozar
a sus portadores -porque en muchas ocasiones la ignorancia y la enfermedad
suelen ir de la mano-. Todo esto tampoco significa que estas personas estén ya
condenadas. Esa es otra cuestión.
Si bien es cierto, que tampoco podemos
olvidar lo que nos dice Jesús en el evangelio según san Juan 14,12: “En
verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo
hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre”.
lunes, 13 de enero de 2020
Evangelio según san Mateo, 11, 25-30
LA
REACCIÓN DE LOS SENCILLOS (Mt 11, 25-30)
El pasaje contiene una acción de gracias, una
enseñanza y una invitación. En la primera el protagonismo es del Padre; en la
segunda, del Hijo (Jesús); en la tercera, de nosotros.
Acción de gracias. Jesús
ve que la gente se divide ante él y la cataloga en dos grupos. El de los
“sabios y entendidos” y el de los “ignorantes”. Los sabios no siempre fueron
estimados en tiempos antiguos, sobre todo por los profetas. “¡Ay de los que se
tiene por sabios y se creen inteligentes!” (Is 5,21). “Fracasará la sabiduría
de sus sabios y se eclipsará la prudencia de sus prudentes!” (Is 29,14). “No se
gloríe el sabio de su saber” (Jr 9,22). Naturalmente otros autores gran
importancia a la sabiduría, ya que la veían como don de Dios. Daniel, en
interesante contraste con lo que dice Jesús, alaba a Dios porque “Él da
sabiduría a los sabios y ciencia a los expertos” (Dan 2,21). Esta misma
mentalidad es la que predomina en tiempos de Jesús entre los autores
apocalípticos, los esenios de Qumrán y los rabinos: los misterios de Dios se
conocen por revelación suya o por el estudio de la Torá.
Frente a esta mentalidad, la afirmación de Jesús
de que Dios oculta estas cosas a los sabios y las revela a la gente sencilla
resulta polémica y de gran novedad. En el contexto, los sabios y entendidos son
especialmente los escribas, que dominan las Escrituras tras muchos años de
estudio; también los fariseos, muy unidos a los escribas, que siguen sus
enseñanzas y se consideran perfectos conocedores de la voluntad de Dios. Por
eso se permiten criticar a Juan y a Jesús.
Por otra parte, está el grupo de la gente
ignorante, sencilla, sin prejuicios, a la que Dios puede revelar algo nuevo
porque no creen saberlo todo. Pescadores, un recaudador de impuestos,
prostitutas, enfermos… la comunidad de Mateo. Esta gente acepta que Jesús es el
Mesías, aunque no imponga la religión a sangre y fuego; acepta que es el
enviado de Dios, aunque como, beba y trate con gente de mala fama; se deja
interpelar por su palabra y enmienda su conducta. Esto, como la futura
confesión de Pedro, es un don de Dios. La capacidad de ver lo bueno, lo
positivo, lo que construye. Los sabios y entendidos se quedan en
disquisiciones, matices, análisis, y terminan sin aceptar a Jesús.
La diversa reacción de los dos grupos podríamos
atribuirla a factores humanos: estudio, carácter, educación. Para Jesús, ha
sido Dios Padre quien ha ocultado “estas cosas” a unos y las ha revelado a
otros. Afortunadamente, Jesús no fue jesuita ni dominico. En caso contrario se
habría enzarzado en una disputa, tan terrible como inútil, sobre la
predestinación y la gracia. Él no discute, bendice al Padre; eso le ha parecido
mejor, y él respeta su decisión y la alaba, por extraña que parezca.
Enseñanza. En pocas palabras tenemos un tratadito de
cristología, centrado en el poder de Jesús y en lo que puede revelarnos. “Todo
me lo ha encomendado mi Padre”. ¿Qué le ha encomendado? Algunos relacionan esta
frase con el final del evangelio, donde Jesús afirma: “Me han concedido plena
autoridad en cielo y tierra” (Mt 28,18). En el contexto actual significa que
todo lo que hace y dice no es por iniciativa propia, sino por encargo de Dios.
El cuarto evangelio concreta los dos poderes más grandes que el Padre le ha dado:
juzgar
y dar la vida. A estos dos poderes se añade aquí el de revelar
al Padre. Las personas sencillas, a través de Jesús, van a conocer a
Dios como Padre, no como un ser omnipotente o un juez inexorable. Él se lo
revelará, porque es el único que puede hacerlo.
Hay en el v.27 algo sorprendente: al
Padre podemos conocerlo porque Jesús nos lo revela; pero al Hijo sólo lo conoce el Padre, y no se
dice que esté dispuesto a revelárnoslo. Jesús es “un misterio escondido
en Dios”. El lector del evangelio debe recordar esta advertencia. Se preguntará
a menudo quién es Jesús, se sorprenderá de lo que dice y hace, podrá
entusiasmarse con su persona, estar dispuesto a seguirlo, estudiar cada una de
sus palabras. Pero nunca podrá decir que lo conoce plenamente. Será siempre un
misterio, por más libros de cristología que se escriban.
Invitación. A
pesar de lo anterior, aunque Jesús ha dicho que nadie conoce al Hijo sino el
Padre, ahora él se da a conocer diciendo lo que hace y lo que es. Lo que hace es dar respiro a los cansados y
agobiados por el yugo de las leyes y normas que imponen las autoridades
religiosas. Los rabinos hablaban del “yo de la Ley”, al que los israelitas
debían someterse con gusto y con deseo de agradar a Dios. Pero ese yugo se
volvía a veces insoportable por la cantidad de mandatos y prohibiciones, y por
la idea tan cruel de Dios que transmitía. La forma de encontrar respiro es
acudir a Jesús, cargar con su yugo y aprender de él. Aquí no se habla de cargar
con la cruz y del posible martirio, sino de todo lo contrario, porque el yugo
es suave, pone a la persona por delante de la Ley, como lo demostrarán los dos
relatos siguientes (las espigas arrancadas en sábado y la mano curada en
sábado), centrados en la observancia del sábado. Pero Jesús pide también que
aprendamos de él, que es “manso y humilde
de corazón”. El término “manso” lo hemos encontrado en la bienaventuranza
de “los mansos” o “no violentos” (Mt 5,5); aquí encajaría bien en el sentido de
no violencia religiosa. Frente a los fariseos, duros e inmisericordes con el
pecador, Jesús se porta mansamente, como ha hecho con Mateo y sus amigos
pecadores. Con su mansedumbre y humildad Jesús es modelo para la gente sencilla
a la que el Padre se revela. Imitándolo a él se encuentra el reposo.
Estos versículos tienen un dinamismo muy
curioso: el Padre revela “estas cosas”, el Hijo revela al Padre, pero el gran
beneficiario es el ser humano que acoge esa revelación; se ve libre de una
imagen legalista, dura, agobiante, de Dios y de la religión. Su piedad, al
hacerse más divina, se hace más humana. Esto quedará claro en los episodios que
siguen.
(El
evangelio de Mateo, un drama con final feliz. José Luis Sicre, Verbo
Divino)
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