EN EL MANANTIAL

EN EL MANANTIAL
ESTUDIO DEL PINTOR

domingo, 12 de julio de 2020

LA VISITACIÓN, Lc 1, 39-45


LA VISITACIÓN
Evangelio según san Lucas 1,39-45
En aquellos días se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó lleva de espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¡de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!

jueves, 30 de abril de 2020

VIOLACIÓN Y ABORTO




VIOLACIÓN Y ABORTO

«¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho. Sin comparecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido (Isaías 49,15)».

Abortos en España en 2019 (casi 96.000; unos 20 por violación -ya uno es un verdadero drama-; las cifras son escandalosas).

«Toda violación conlleva un triple asesinato: el biológico, por la cosificación que se hace de la persona; el mental, porque en medio de todo ese terrible drama aparecen los entendidos aconsejando el asesinato como terapia; y el espiritual que conlleva la destrucción del alma.
Hay que ser un verdadero hijo de la más ciega ignorancia para aconsejar que la mejor terapia para superar una violación es convertir a la madre en asesina. De ese modo, no solo se mancilla el cuerpo biológico, se consigue también pudrir la mente y, ya metidos en esa espiral de violencia en la que la mujer se siente presa, espiritualmente consumirá y destrozará su alma. Gran triunfo para los violadores y los terapeutas, hijos de la muerte.
Si verdaderamente somos hijos de la luz, hijos del día, no podemos sino preguntarnos: ¿Podemos crear bien del mal? O, ¿no tenemos frente al mal otra posibilidad que convertirnos en lo peor? Cristo-Jesús es el Maestro: no respondió al mal con lo peor, absorbió el mal y lo transformó en bien.
Creo que lo que Jesús nos enseña es que, ‘si invertimos nuestra energía en elegir el bien, en vez de fomentar la energía negativa y en gran parte ilusoria de rechazar lo malo, superaremos el mal de un modo mucho mejor y no devendremos malos nosotros mismos’. Eso es exactamente lo que él hace en la cruz, y eso es lo que debe infundirnos valentía para creer que ello forma parte del núcleo de su mensaje. Es fundamental que no se nos olvide nunca que "la mejor crítica de lo malo es poner en práctica algo mejor".
Más que de ninguna otra forma, así es como Jesús reformó las leyes de la religión y socavó la base de toda conducta violenta, excluyente y punitiva. Se convirtió en la víctima perdonadora, a fin de que nosotros dejáramos de ocasionar víctimas. Se convirtió en el falsamente acusado, para que así ponderáramos con cuidado a quién acusamos.
La ejecución de Jesús es un juicio sobre cuán ciegos podemos llegar a ser todos cuando disfrutamos de las ventajas y los privilegios del poder, sobre la vida de otros más débiles. El ‘poder malo’ -que siempre conlleva la condena y la muerte-, que ‘siempre’ elimina a sus oponentes, mató a Jesús. En vida de Jesús, ese ‘poder malo’ era ejercido tanto por el imperio romano como por los sumos sacerdotes judíos, pero los nombres se pueden cambiar en cualquier época y cualquier cultura, a veces hasta por los propios.
Si la madre acepta convertirse en poderosa-asesina creyendo que así superará su trauma, caerá en otros mucho peores, porque habrá aceptado convertirse en víctima a todos los niveles, alcanzando la peor versión de sí misma. Reconozco que esta es una de esas situaciones en las “hay que llegar a la curva derrapando”. Hay muchos matrimonios que desean tener hijos y no pueden conseguirlos naturalmente, por eso están encantados de poder adoptar.
La decisión, ante lo que no tiene vuelta atrás, es si preferimos pasar por la vida como un “zombi” -no siendo otra cosa que sepultureros-, o siendo manantial de vida, pese a todo…
Tras atravesar la línea, viene el trabajo de ponerles nombre y hablar con ellos, pues no han muerto, están en el Reino de la Gracia, en Dios, y allí solo se puede amar…, también a su mamá, sobre todo a ella…».

jueves, 12 de marzo de 2020

EL MAESTRO SUFRIMIENTO


EL MAESTRO SUFRIMIENTO

Con que facilidad nos deja la muerte sin palabras. De pronto no sabemos qué decir. Vivimos muchas veces fluctuando entre la luz de Dios y las tinieblas, olvidando que Dios ama la vida en el fracaso, en lo que nosotros consideramos fracaso, tanto como en el éxito. Nos cuesta creerlo, pero la vida eterna está aquí. La vida eterna es ahora. Pero nos da miedo esta evidencia.
No deja de ser curioso que justamente en aquello que no nos atrevemos a mirar esté Dios esperándonos, para reconfortarnos y quitarnos todos los miedos, para hacernos verdaderamente libres.
La aceptación momentánea de todo tal como es –morir, por ejemplo- vale más que mil años de piedad. A veces, bastaría con que hiciésemos del tiempo nuestro aliado, aunque siempre lo es, incluso cuando creemos tenerlo en contra. Para el cristiano la vida no es un problema que haya que resolver, ni una pregunta que haya que responder. La vida es un misterio, con un fondo difícil de ver, que a veces se manifiesta como abismo, quizá de inimaginable miseria, pero en el que también nos persigue el amor de Dios.
Si nos atreviésemos a despertar nos daríamos cuenta de que la fuente de todo el sufrimiento humano es considerar permanente lo que por esencia es pasajero; y se nos olvida que Dios nos ha propuesto un plan de amor interminable. Que pueda Cristo decir de mí: “Este es mi cuerpo”. Y Él, que es el camino, la verdad y la vida, nos susurra al oído: Deberías aprender a contemplar tus pecados para ver que el arrepentimiento alcanza su plenitud cuando uno consigue agradecer hasta sus propios pecados. Porque hay puertas a las que sólo podemos llamar para agradecer… En Getsemaní Cristo nos enseña a pedir “que se haga tu voluntad, no la mía”.
La oscuridad revela la ardiente belleza de la llama que, abrazada al tronco, lo ilumina y consume. Para conseguir una auténtica felicidad, hay que liberarla de las trampas: la principal es quizá la que afirma que sólo se puede ser feliz en los momentos luminosos de la vida; que en la felicidad nunca caben las lágrimas. Pero es posible una alegría profunda. Hecha de risas y lágrimas, capaz de vivirse en los momentos de euforia y de fiesta, pero también en las horas más oscuras. Es posible un gozo con raíces hondas, que se disfruta en los días radiantes, pero que no se apaga sin más ante la dificultad y la zozobra. Es posible la alegría, también de noche, en la noche oscura. Es posible, en fin, una felicidad liberada de la tiranía de sentirse bien a toda costa.
¿Por qué nos da miedo la muerte? Si al bebé, en la oscuridad del útero materno, se le dijera que fuera hay un mundo de luz, con altas montañas, grandes mares, onduladas llanuras, hermosos jardines en flor, arroyos de aguas frescas y cristalinas, un cielo cuajado de relucientes estrellas y un sol naciente, y tú, frente a todas estas maravillas, sigues encerrado en esta oscuridad. Igual que el nonato no sabe nada de estas maravillas, tampoco nosotros creemos nada de esto, cuando nos enfrentamos a la muerte… por eso tenemos miedo. Alguien podría decir que la muerte no puede ser luz porque es el final de todo, pero… ¿Cómo puede ser el final de algo que no tiene principio? La vida no es algo entre dos vacíos, sino entre dos plenitudes. Así pues, no podemos estar tristes en esta “noche de bodas” de nuestro matrimonio con la eternidad.
Es cierto que a veces parecen caer sobre nosotros un conjunto exagerado de sufrimientos. No lo entendemos, por más vueltas que le demos. Prácticamente todo el que intenta acercarse a Dios de manera realista, instalar la lógica de la fe en su vida, ser verdadero discípulo de Cristo, pasa un día u otro por esta clase de pruebas. No son dolores estándar, sino que están “hechos a la medida” de cada uno. Sin pasar por aquí no creo que se pueda creer en Dios, esperar en Dios, amar a Dios desinteresadamente, sin amarse a sí mismo egoístamente.
En esos momentos no se nos pide ser muy fuertes. No se le pide al trigo ser fuerte cuando se le muele, sino que deje que el molino lo haga harina. Es raro que en esos momentos comprendamos qué utilidad puede tener ese sufrimiento. Sólo tiene la apariencia de una monstruosa contradicción, no reconocemos la cruz en él. Es solamente después cuando llegamos a comprender que por ese sufrimiento “llegamos a ser lo que verdaderamente somos”.
Pero, actualmente, en determinados medios y ambientes, comienza a darse un silencio total con respecto a Dios. Por una extraña sustitución, la creación ocupa el “espacio” del Creador. Este silencio parece no alertarnos. Un peligro mayor se acerca a la Iglesia sin hacer ruido. El peligro de un tiempo, de un mundo en el que Dios ya no será negado ni combatido, sino excluido, donde será impensable -ninguna pobreza humana es semejante a esta-. Un mundo en el que querremos gritar su nombre, pero en el que entonces [nosotros] no podremos lanzar ese grito, porque ya no tendremos sitio donde poner los pies.
Todo ser humano, independientemente de su ideología política, de su religión, es primero, ante todo, nuestro hermano de creación. Este estado de ‘hermano’ ordena para nosotros las reacciones tanto lúcidas como severas que podamos tener cara a él. Pero ni la formación política más eficiente puede destruir a la persona que Dios ha creado. A ella nos tenemos que dirigir, cualesquiera que sean las deformaciones o desviaciones que tenga que haber soportado. Su corazón es un corazón humano, aquel al que Cristo se dirigió y al que quiere hablar a través de nosotros.
Y si creéis que no estáis en orden, que no sois del todo dignos, pese a todo, no olvidéis nunca, nunca, nunca... que las puertas de la misericordia del cielo -o del corazón de Dios, tanto da- no se cerrarán, aunque no haya ni un justo sobre la tierra. Aunque nos cueste creerlo, el DON no nos es arrebatado nunca-jamás…
Por todo, hoy Jesús se acerca a nosotros como antaño se acercó a la casa de Marta y María y nos pregunta: a la vista de la muerte que parece matar toda vida y todo amor, “¿Creéis, crees que yo soy la resurrección y la vida?”
Si creemos, se romperán las ataduras de la muerte y la vida empezará a ser eterna, pues para eso hemos nacido, para el eterno amor de Dios…
(M.D. & cía., OFM)            

martes, 18 de febrero de 2020

...¿QUIÉN PINTA LA BELLEZA DE DIOS?...






QUIMIOTERAPIA Y ESCATOLOGÍA

A veces me llegan noticias de amigas y amigos que se encuentran luchando contra el cáncer a través de la quimioterapia, y yo -como antiguo luchador contra un linfoma ‘NO HODGKIN’ con tres meses de quimioterapia- no puedo más que mostrarles el cuadro que pinté entonces, una versión del Sembrador de Van Gogh que había versionado a Millet y la transformación-mutación que hice de un poema de A. de Foxa, titulado “Melancolía de Desaparecer” y que yo bauticé como “Alegría… ¿de desaparecer?”…




jueves, 23 de enero de 2020

AMAR



AMAR
«Amar a alguien es tener siempre esperanza en él. Desde el momento en que comenzamos a juzgar a alguien, limitamos nuestra confianza en él; desde el momento en que lo identificamos con lo que sabemos de él y, por tanto, lo reducimos a ello, dejamos de amarlo y él deja de ser capaz para mejorar. Deberíamos esperarlo todo de todos. Debemos atrevernos a ser amor en un mundo que no sabe cómo amar».
(Charles de Foucauld)

Sin embargo, nos dice Jesús en el evangelio según san Mateo 7,6: “No deis lo sagrado a los perros no les echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen, y además se vuelvan y os destrocen”. Estamos al final del Sermón del Monte. Los futuros discípulos pueden sentirse entusiasmados, con ganas de que Jesús termine de hablar para lanzarse a proclamar su mensaje a todo el mundo, indiscriminadamente. O, una vez formada la comunidad cristiana, pueden sentirse inclinados a admitir dentro de ella a cualquier persona. Las palabras de Jesús suponen un toque de atención.
Ante todo, lo que está en juego no es una teoría cualquiera, ni un programa religioso o político. Es algo sagrado, un enorme tesoro que Dios nos concede y ante el que debemos sentir profundo respeto. Además, no todo el mundo es bueno: hay gente que desprecia el mensaje del Evangelio y gente que incluso se irrita con él y está dispuesto a destrozar a sus portadores -porque en muchas ocasiones la ignorancia y la enfermedad suelen ir de la mano-. Todo esto tampoco significa que estas personas estén ya condenadas. Esa es otra cuestión.

Si bien es cierto, que tampoco podemos olvidar lo que nos dice Jesús en el evangelio según san Juan 14,12: “En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre”.

lunes, 13 de enero de 2020

Evangelio según san Mateo, 11, 25-30




LA REACCIÓN DE LOS SENCILLOS (Mt 11, 25-30)
El pasaje contiene una acción de gracias, una enseñanza y una invitación. En la primera el protagonismo es del Padre; en la segunda, del Hijo (Jesús); en la tercera, de nosotros.

Acción de gracias. Jesús ve que la gente se divide ante él y la cataloga en dos grupos. El de los “sabios y entendidos” y el de los “ignorantes”. Los sabios no siempre fueron estimados en tiempos antiguos, sobre todo por los profetas. “¡Ay de los que se tiene por sabios y se creen inteligentes!” (Is 5,21). “Fracasará la sabiduría de sus sabios y se eclipsará la prudencia de sus prudentes!” (Is 29,14). “No se gloríe el sabio de su saber” (Jr 9,22). Naturalmente otros autores gran importancia a la sabiduría, ya que la veían como don de Dios. Daniel, en interesante contraste con lo que dice Jesús, alaba a Dios porque “Él da sabiduría a los sabios y ciencia a los expertos” (Dan 2,21). Esta misma mentalidad es la que predomina en tiempos de Jesús entre los autores apocalípticos, los esenios de Qumrán y los rabinos: los misterios de Dios se conocen por revelación suya o por el estudio de la Torá.
Frente a esta mentalidad, la afirmación de Jesús de que Dios oculta estas cosas a los sabios y las revela a la gente sencilla resulta polémica y de gran novedad. En el contexto, los sabios y entendidos son especialmente los escribas, que dominan las Escrituras tras muchos años de estudio; también los fariseos, muy unidos a los escribas, que siguen sus enseñanzas y se consideran perfectos conocedores de la voluntad de Dios. Por eso se permiten criticar a Juan y a Jesús.
Por otra parte, está el grupo de la gente ignorante, sencilla, sin prejuicios, a la que Dios puede revelar algo nuevo porque no creen saberlo todo. Pescadores, un recaudador de impuestos, prostitutas, enfermos… la comunidad de Mateo. Esta gente acepta que Jesús es el Mesías, aunque no imponga la religión a sangre y fuego; acepta que es el enviado de Dios, aunque como, beba y trate con gente de mala fama; se deja interpelar por su palabra y enmienda su conducta. Esto, como la futura confesión de Pedro, es un don de Dios. La capacidad de ver lo bueno, lo positivo, lo que construye. Los sabios y entendidos se quedan en disquisiciones, matices, análisis, y terminan sin aceptar a Jesús.
La diversa reacción de los dos grupos podríamos atribuirla a factores humanos: estudio, carácter, educación. Para Jesús, ha sido Dios Padre quien ha ocultado “estas cosas” a unos y las ha revelado a otros. Afortunadamente, Jesús no fue jesuita ni dominico. En caso contrario se habría enzarzado en una disputa, tan terrible como inútil, sobre la predestinación y la gracia. Él no discute, bendice al Padre; eso le ha parecido mejor, y él respeta su decisión y la alaba, por extraña que parezca.

Enseñanza. En pocas palabras tenemos un tratadito de cristología, centrado en el poder de Jesús y en lo que puede revelarnos. “Todo me lo ha encomendado mi Padre”. ¿Qué le ha encomendado? Algunos relacionan esta frase con el final del evangelio, donde Jesús afirma: “Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra” (Mt 28,18). En el contexto actual significa que todo lo que hace y dice no es por iniciativa propia, sino por encargo de Dios. El cuarto evangelio concreta los dos poderes más grandes que el Padre le ha dado: juzgar y dar la vida. A estos dos poderes se añade aquí el de revelar al Padre. Las personas sencillas, a través de Jesús, van a conocer a Dios como Padre, no como un ser omnipotente o un juez inexorable. Él se lo revelará, porque es el único que puede hacerlo.
Hay en el v.27 algo sorprendente: al Padre podemos conocerlo porque Jesús nos lo revela;  pero al Hijo sólo lo conoce el Padre, y no se dice que esté dispuesto a revelárnoslo. Jesús es “un misterio escondido en Dios”. El lector del evangelio debe recordar esta advertencia. Se preguntará a menudo quién es Jesús, se sorprenderá de lo que dice y hace, podrá entusiasmarse con su persona, estar dispuesto a seguirlo, estudiar cada una de sus palabras. Pero nunca podrá decir que lo conoce plenamente. Será siempre un misterio, por más libros de cristología que se escriban.

Invitación. A pesar de lo anterior, aunque Jesús ha dicho que nadie conoce al Hijo sino el Padre, ahora él se da a conocer diciendo lo que hace y lo que es. Lo que hace es dar respiro a los cansados y agobiados por el yugo de las leyes y normas que imponen las autoridades religiosas. Los rabinos hablaban del “yo de la Ley”, al que los israelitas debían someterse con gusto y con deseo de agradar a Dios. Pero ese yugo se volvía a veces insoportable por la cantidad de mandatos y prohibiciones, y por la idea tan cruel de Dios que transmitía. La forma de encontrar respiro es acudir a Jesús, cargar con su yugo y aprender de él. Aquí no se habla de cargar con la cruz y del posible martirio, sino de todo lo contrario, porque el yugo es suave, pone a la persona por delante de la Ley, como lo demostrarán los dos relatos siguientes (las espigas arrancadas en sábado y la mano curada en sábado), centrados en la observancia del sábado. Pero Jesús pide también que aprendamos de él, que es “manso y humilde de corazón”. El término “manso” lo hemos encontrado en la bienaventuranza de “los mansos” o “no violentos” (Mt 5,5); aquí encajaría bien en el sentido de no violencia religiosa. Frente a los fariseos, duros e inmisericordes con el pecador, Jesús se porta mansamente, como ha hecho con Mateo y sus amigos pecadores. Con su mansedumbre y humildad Jesús es modelo para la gente sencilla a la que el Padre se revela. Imitándolo a él se encuentra el reposo.
Estos versículos tienen un dinamismo muy curioso: el Padre revela “estas cosas”, el Hijo revela al Padre, pero el gran beneficiario es el ser humano que acoge esa revelación; se ve libre de una imagen legalista, dura, agobiante, de Dios y de la religión. Su piedad, al hacerse más divina, se hace más humana. Esto quedará claro en los episodios que siguen.

(El evangelio de Mateo, un drama con final feliz. José Luis Sicre, Verbo Divino)